Los Botes del “Glen Carrig”

William Hope Hodgson es uno de esos escritores que tiene todas las papeletas para ser relegado al ostracismo. Con suerte, se le puede oír enumerado como antecesor e influencia de Lovecraft, aun siendo el irlandés mucho mas fluido y fundacional que el loco de Providence, al poseer esa agilidad narrativa que confiere la vida azarosa y marinera frente al acartonamiento academicista del que no sale de Nueva Inglaterra. Los Botes del “Glen Carrig” resulta un buen ejemplo de todos los elementos afines a la obra de Hodgson: las aventuras marinas; los pecios solitarios; el ambiente onírico de unas tierras, criaturas y comportamientos tan ajenos -con esos protagonistas sin pasado, irracionalmente obligados a sobrevivir-, tan estilizado que podría pertenecer al ámbito de la ciencia ficción si se cambiase ese mar desconocido, interior, por el espacio insondable; así como la fisicidad de las amenazas que forman parte de una naturaleza corrupta y repugnante -y que le postulan como una de las primeras influencias de “la nueva carne”-. Aún renqueando en su tramo final, inevitable, dado el agobiante arranque de que hace gala la obra, resulta imprescindible para comprender de donde salen muchos de los elementos del terror del siglo XX.

Publicado originalmente en microcritic.wordpress.com el 16/10/2009

Esos comics de Hellboy, una rotondilla aproximada.

Hablábamos en el texto en el cual me metía con El Señor de los Anillos (si, lo hice) de como Robert E. Howard supo crear en sus narraciones pulp aparentemente sencillas, una gran sensación de aventura despreocupada con cierto nihilismo y sense of wonder. Además, supo hacerlo con una pluma más que competente, con solvencia y bastante encanto. Esto es, supo crear maravillas y que pareciesen sencillas. Problema tremendo para el paso del tiempo y para el público liviano, al que solo se marca con fuegos de artificio y barroco progresivo. Así, Howard quedó relegado al: “Las historias de Conan son todas iguales”.

Similitudes amplias con Mike Mignola y su Hellboy. No solo por la capacidad de ambos autores de crear un mundo absolutamente evocador y sorprendente y mostrarlo en pequeños retazos, con los detalles justos para que nos fascine. No solo porque las historias de ambos héroes (Hellboy y Conan) sean contadas a saltos en el tiempo, lo que aumenta la mitificación del personaje y el entorno. Ni siquiera por la capacidad de ambos autores de fagocitar todo tipo de influencia y atmósfera de sus respectivas épocas, desde la mas banal a la mas culta, y conseguir incluirla en su historia sin entorpecer el ritmo de ésta, sin que en ningún momento la obra se mueva a trompicones o simplemente parezca un pastiche. NO. La similitud es la conclusión que también se oye del Hellboy de Mignola: “El dibujo mola pero las historias son una caca

Esto, aun es más preocupante cuando encima se añade eso de: “Los primeros números dialogados por Byrne si que estaban bien”. Byrne en las primeras historias de Hellboy solo supo añadir pesados y farragosos cuadros de texto que eran reiterativos y entorpecían la narración casi como en una pagina de Bendis cuando éste pone a hablar a un científico. Aquí parece que subyace una de las derivaciones mas malsana del lector de tebeos, ese complejo de inferioridad que le obliga a decir novelas gráficas, y es que: “Cuanto mas texto explicito sobre pensamiento interno y/o reflexiones profundas tenga un tebeo. Mejor es.”

Hellboy queda así relegado a no ser una obra de autentica calidad porque sus múltiples virtudes no aparecen de manera explicita y afectando a toda la obra. Porque no le grita al lector lo bueno que es, hablándole de VALORES en cada página. Porque no le guiña el ojo y le dice al lector lo inteligente que es cuando éste se fija y asume esa calidad. Desgraciadamente, lo que llamaríamos: evidentemente trágico aun parece que mantiene cierta enjundia por encima de lo banalmente cómico y, por mucho que nos esforcemos, no comprendemos que los valores mas básicos del alma humana también están en el chiste de Mistetas.

Si esta gente que prejuzga un libro de Tolkien por encima de uno de Howard, un tebeo de Persépolis por encima de uno de Hellboy o una Ágora por encima de un Gamer hubiese existido en otras épocas, La Odisea se huviese ido a tomar por el culo y todo el mundo hispano  estaría leyendo todavía La vida es sueño una y otra vez mientras come castañas.

 

No  me quiero despedir sin reincidir: ¡Dejense de hostias y gozen con los tebeos de Hellboy! Con esa acumulación de influencias y de atmósferas, realizado como si fuese tan fácil de mezclar. Nazis, Baba Yaga y Baudelaire, todo encaja con un tempo narrativo acojonante. Con ese humor y ese misterio. Con esa planificación narrativa viñeta a viñeta que es tan sumamente simple, que no parece que se este creando un universo página a página.

Y todo esto sin mentar ni AIDP ni el dibujo ni las tintas de Mignola.

Extracto del texto publicado en galletas.blogia.com el 25/10/2009

Que se mueran los feos

No queda claro si Boris Vian, que publicó varias novelas haciéndose pasar por traductor de un alter ego afroamericano llamado Vernon Sullivan, -al que incluso llego a entrevistar, mostrando lo que luego sería llamado posmodernidad- era un genio entregado a las artes y vanguardias o un tocapelotas hacia todo lo decoroso del París de la posguerra. Quizá ambas. Dentro de ese ciclo Sullivan, esta novela, parodia erótica de la serie negra en particular y pastiche de todos los temas del por aquel entonces ya renqueante pulp americano en general, es un desfase del copón. Escrita de una manera conscientemente simplista, todo rezuma papel barato y risotadas de fondo. Un éxtasis continuo de aventuras, y hasta saltos en paracaídas, donde el apolíneo protagonista aparta hembras desnudas a pares para mantener una autoimpuesta castidad mientras descubre el plan maligno de un mad doctor del montón, hasta revelar al lector una gran verdad: si no existiesen los hombres feos, los guapos no lo serían. O cómo Vian dejó claro en otra de sus obras: Con las mujeres no hay manera.

Publicado originalmente en microcritic.wordpress.com el 08/10/2009

Feria de Animación (III): Mickey & The Mad Doctor -1933-

Voy a hacer un parón en la animación mas independiente para irme de cabeza al señor Walt Disney poniendo voz y produciendo un corto animado de Mickey Mouse. Dirigido por David Hand, habitual de la primera etapa de la compañia y que acabaría siendo director de los primero largometrajes de la misma: Bambi y Blancanieves, el corto es tan inusual como digno de su época, ya que posee todos los elementos del espíritu netamente pulp que hablabamos aqui: Casas encantadas, doctores desquiciados con cuchillos de carnicero, sucesos terrorificos y sobrenaturales, noche, vientos, calaveras y paisajes desolados, teorías cientificas loquisimas que incluyen victimas indefensas y happy ending con final lógico y racional donde se descubre el pastel y se vuelve a la tranquilidad del status quo.

Practicamente estamos situados en el año oficial de creación del subgénero weird menace, la salida del primer numero de Dime Mystery Magacine (revista que inauguraría el subgénero) distaba apenas dos meses de la presentación del cortometraje. Podemos hablar entonces del primer lazo de unión entre la animación y shudder pulp, casi podemos colocar, si nos atrevemos, este corto como un nexo entre el terror etereo previo y el desarrollo de ese terror físico tan grotesco y tan propio del siglo XX, dada su posición y manera de solucionar la trama.

Con precedentes en The Skeleton dance, precursor que aunque reunía la atmosfera  permanecía mas cerca del terror decimonónico, The Mad Doctor resulta el silbato de salida de una trayectoria que finiquitaría el gran Scooby Doo, animación que barría sin reparos todo lo irracional del terror (excepto claro, que un perro hablara). Creandose un recorrido en el mundo del dibujo animado paralelo a lo literario y lo cinematografico y quedando como uno de tantos eslabones perdidos repletos de lugares comunes entre lo pulp y el cine de terror contemporaneo (como analiza en un estupendo post el señor Absence).

Ni que decir tiene que en su día algunos cines no lo emitieron por considerarlo demasiado horroroso para los niños pequeños.

Como curiosidad, uno de los carteles originales de este corto, que tienen arriba, se convirtió no hace mucho en uno de los más caros de la historia (en el 7º puesto está, pueden ver el resto aquí), fue vendido en Marzo del año 2006 en Heritage, por 138.000 dólares.

Aqui va:

Publicado originalmente emgalletas.blogia.com el 06/09/2009

Queremos tanto a los hombres topo.

“…el criterio de esta antología no es la calidad literaria, aunque haya -casi estoy tentado de decir que por casualidad- (…) si no su estilo caracteristico y propio, su genuino espíritu, netamente pulp (…) con villanos orientales, femmes fatales, héroes machistas y mujeres desnudas, torturadas sádicamente…”

Jesús Palacios en el interesante prologo de “Los hombres topo quieren tus ojos, y otros relatos de la Era Dorada del Pulp“, antología honesta y delirante de 13 relatos donde comprendemos como se expandió el relato sobrenatural chusco del siglo XX, ese que aborrece lo etéreo y se va a por lo físico, ese en el que la violencia explicita y las chicas enseñando carne empezaban a ser reclamo, ese donde el monstruo resultaba ser un disfraz (¡Scooby Doo!) y todo quedaba en una mentira aun mas humana, mas patética. Pueblos perdidos de la América profunda y matanzas de Texas varias, barrios chinos y sectas que te entierran vivo, monolitos aztecas y locos escapados del psiquiátrico, taras genéticas, polvo del camino y noches de tormenta.

En definitiva, esta Weird Menace de los años 30, esta culturaza pop no solo es amena y refleja todas esas inquietudes del subconsciente colectivo, aunque no necesita ninguna justificación, no solo muestra que el género negro puede fusionarse con cualquier cosa y sobrevivir, sino que resulta precedente del slasher, del giallo, del mad doctor, del cine con satanistas, del psychokiller, del terror de serie B en general, de la pochez extrema bien entendida, de todo lo que nos gusta.

Especial mención al relato que pone título a la antología, de Frederick Clyde Davis, con esos desquiciantes conceptos quirurgicos (se pueden imaginar). Al relato del siempre competente Robert E. HowardEl señor de los muertos” y su detective hercúleo perdido por unas catacumbas del barrio chino repartiendo hachazos hasta dar con el mismisimo Erlik Khan, trasunto de Fu-Manchú, y sus sicarios mongoles. Y el de “Tumbas para los vivos” de WIlliam Irish (Cornell Woolrich el tipo que escribió La ventana Indiscreta) con un aroma a determinados momentos del Eyes Wide Shut de Kubrick y un ritmo increible para estar hablando de entierros todo el rato (esto último era humor).

¡Ah! Y la edición, cojonuda, prologazo extenso y cada relato precedido con una pequeña reseña con información sobre el autor. Algunos dirían que es una edición demasiado cojonuda, y es que vale sus pelas con esa tapilla tan dura. Responde  con cierta sorna, tan lógica como inherente a este libro, Jesús Palacios en el prologo:

“…¿que menos que un elegante ejemplar en imperecedera tapa dura, cosido y cuidadosamente encuadernado (…) para cobijar a los mas miserables y vilipendiados escritores de la literatura moderna, los autores de pulp y, mas concretamente, los parias de los shudder pulps?”

Qué más se puede pedir.

Aqui un link con los relatos que incluye.

Publicado originalmente en galletas.blogia.com el 14/08/2009