Los Botes del “Glen Carrig”

William Hope Hodgson es uno de esos escritores que tiene todas las papeletas para ser relegado al ostracismo. Con suerte, se le puede oír enumerado como antecesor e influencia de Lovecraft, aun siendo el irlandés mucho mas fluido y fundacional que el loco de Providence, al poseer esa agilidad narrativa que confiere la vida azarosa y marinera frente al acartonamiento academicista del que no sale de Nueva Inglaterra. Los Botes del “Glen Carrig” resulta un buen ejemplo de todos los elementos afines a la obra de Hodgson: las aventuras marinas; los pecios solitarios; el ambiente onírico de unas tierras, criaturas y comportamientos tan ajenos -con esos protagonistas sin pasado, irracionalmente obligados a sobrevivir-, tan estilizado que podría pertenecer al ámbito de la ciencia ficción si se cambiase ese mar desconocido, interior, por el espacio insondable; así como la fisicidad de las amenazas que forman parte de una naturaleza corrupta y repugnante -y que le postulan como una de las primeras influencias de “la nueva carne”-. Aún renqueando en su tramo final, inevitable, dado el agobiante arranque de que hace gala la obra, resulta imprescindible para comprender de donde salen muchos de los elementos del terror del siglo XX.

Publicado originalmente en microcritic.wordpress.com el 16/10/2009