Grant Morrison. Ese al que se le va la olla.

Parte 1: Antecedentes.

Punto 1: El fandom del comic es parte, tanto de las virtudes del medio, como de sus taras. Y hablamos de un medio que es tremendamente pop, tremendamente contemporaneo y adaptable a los sucesos y tendencias que le rodean, esto es, dada su periodicidad, cualquier evento relevante que le sucede al mundo es banalizado por el comic book americano, es el primero que ficcionaliza a Obama o la caida de las Torres, por poner un ejemplo. Este dinamismo del entorno choca tremendamente con el inmovilismo de sus personajes, su status quo y sus fans. Nadie quiere que su personaje preferido cambie, pero exige que no le cuenten siempre lo mismo.

Punto 2: Al contrario que en otros medios, vease el cine, la literatura, la pintura, etc. El comic book dedica, en primer lugar, la mayor parte de su producción mainstream a un único género, el de los superheroes (es como si en una libreria, el 80% de las novelas fuesen sobre enfermeras) esto reduce sus codigos, sus soluciones narrativas y sobretodo, limita sus experimentalismos. En segundo lugar, el comic book debido a la tara genérica, así como a la evolucion de su fandom ve limitada su narrativa muchisimo mas que cualquier otro medio (como ya conté en otro post anterior sobre el concepto “fandom”, éste se crea a finales de los 70, donde, debido a determinadas circunstancias editoriales y de mercado, aparecen las librerias especializadas, y los cómics comienzan a ser para aquellos que ya han crecido con ellos y que tienen un conocimiento y una opinión formada de como quieren que sean). De tal modo que cualquier intento por experimentar esa narrativa en un mercado tan cerrado es rapidamente localizada y juzgada.

Punto 3: El punto 1 y el 2 no tienen espectativas de terminar a medio, ni mucho menos a corto plazo, de tal modo que Batman nos sobrevivirá a todos, mes a mes con los mismos cuadros de textos, con sagas parecidas y con los mismo flashbacks sobre la muerte de sus padres, Spiderman volverá a tirar el traje a la basura e Iron Man volverá a darle al frasco. Aunque su entorno cambie, el poder icónico, la serie de simbolos que los hace reconocibles se perpetuará. Se produce asi un fenomeno de “eterno retorno” casi nietzscheano por el cual nuestros nietos (si es que leen) leerán estas sagas de nuevo con otros autores en el guión y se seguirán quejando de que Spiderman ahora esta casado y ahora no (y aun así, si es “verdadero” fan comprará reediciones de la misma historia de 20 años atras, a la que sacará matices).

2. El meollo.

Morrison es consciente de todos estos puntos anteriores, además, es un tipo que tiene unas referencias e influencias no unicamente fundamentadas en el comic, tiene fuertes referencias literarias (Unamuno en Animal Man, William Burroughs en Los invisibles, etc.), pictóricas (principalmente los -ísmos de la vanguardia europea) y cinematográficas (del expresionismo aleman de la Doom Patrol –aprovecho para linkarles un gran comentario sobre la serie de Raul Minchinela– al David Lynch de su Batman RIP). Por supuesto, posee tambien multiples referentes en el comic, sus últimos trabajos en DC lo demuestran, pero al contrario que muchos de sus colegas documentalistas de afán más nostálgico, como puede ser Busiek o Waid, Morrison rehace y reinventa esos referentes mezclandolos todos y explicando algo nuevo.

Del mismo modo, inevitablemente para con su discurso, sus historias poseen un fuerte componente metaliterario, pero no solo a los niveles superficiales que se pueden deducir en un primer vistazo, con esas referencias a la historia del comic tan habituales en otros autores como Alan Moore (al que Morrison, si bien no lo hace en otros elementos, supera a Moore en esto del metalenguaje y alguna cosilla más), si no hablando profundamente del medio como mecanismo. En las historias de Morrison mas actuales (su Crisis Final, por ejemplo) no solo se cuenta una buena historia, una historia que se goza completamente. Se reflexiona sobre los mecanismos de como contar una historia, sobre cómo se distribuye y a quién llega. Y es aquí donde encontramos similitudes con otro postmoderno, aunque cinematográfico, como es el Tarantino de Inglorius Basterds. Ambos autores son conscientes de las circunstancias de su trabajo, y la promoción y expectativas que existen actualmente a traves de las redes, saben qué espera el publico de esa historia y cómo darle algo completamente diferente, que enfadará al que es corto de miras o no le apetece indagar mas allá y que compensará con creces al buen receptor. Y es que ese componente de segunda intención, de gran risotada del artista está presente en los dos autores. (¿Qué es el final de esa puta obra maestra que es New X-men, si no Morrison riendo consciente de que, de todos sus cambios tan profundos en la colección -homenajeando y transformando en el fondo, dos historias clásicas de Claremont y Byrne-, el único que se va a perpetuar con el paso del tiempo -gracias al fan y al editor- es que Cíclope cambie de novia?).

Y es que este Morrison actual, que produce tanta queja insulsa y alelada no es para nada casual, nada de eso, la evolución del escritor es bien patente y lógica si se lee el trascurrir de sus trabajos desde los primeros noventa hasta ahora. Teniendo en cuenta su discurso y su trayectoria artistica, que le ha hecho dedicarse cada vez más a personajes simbolicos de las dos grandes (personajes que restan presentaciones), Morrison ha ido desarrollando una narrativa que potencía cada vez más las virtudes más caracteristicas y fundamentales del comic book: la suspensión de incredulidad, la capacidad connotativa del mito de los héroes y la narrativa “in media res” que permite el tebeo gracias a las dos cualidades anteriores.

Con Morrison ya no es que pueda pasar de todo, es que mucho pasa en elipsis, porque sinceramente, lo que pasa en elipsis ya lo hemos leido muchas veces, asi que vamos al mas lejos todavía. A que lo que pase sea el non plus ultra. Si al final vamos a contar lo de siempre y perpetuar el status quo, al menos tambaleemos de por medio los cimientos, hagamos participar al lector, hagámoslo pensar con escenas abruptas y condesadas de datos dentro de un todo estilizado, llenemos de ideas cada secuencia, cada viñeta, hagamos malabares con las tramas, potenciemos la intertextualidad de esa continuidad que tanto gusta al fan medio, guiñemos el ojo a la complicidad del lector a niveles exorbitados. Juguemos con la forma, pero no como ya lo hacía Morrison en los 90, con Vertigo (como se puede ver en la mini de Kid Eternity que acaba de reeditarse, donde toda esa estructura caotica se fundamenta en unas pocas ideas -aunque geniales-), tan evidentemente y tan barroco; con una toma a tierra que explique cosas que en el caso de Batman todo el mundo sabe. No, aparentemos que todo es mucho más simple y multipliquemos las ideas formales, el juego. Hagamos que hablar de la condición infinita del heroe del comic dentro del propio comic parezca sencillo y lleno de sentido (Ese “CONTINUARÁ” del Superman Beyond, o el propio Batman RIP –a esto le doy más vueltas aqui, si quieren). Pero no nos equivoquemos, ese sentido es una apariencia, Morrison está más interesado en otros niveles mucho más líricos que en la mera construcción de la trama. Quizá la mejor definición de esto, la encuentren en este articulo tambien sobre Morrison, de obligada lectura (como todo el blog de Henrique Lage) donde se concluye con un:

“Morrison parece mucho más interesado en el símbolo que en su significado”.

Y es esa conclusión de donde parte todo el atractivo del escoces, de donde el lector hastiado de tanta mediocridad tipo Bendis encuentra en sus obras una entidad propia, una relación con una tradición artistica que escasea tremendamente en el mundo del comic, y que aparece con una capacidad para la evocación de multiples temas acerca de tantas cosas, y tan bien contado, que resulta ofensivo que de repente lea uno por ahí: “A este tio se le va la olla“.

Publicado originalmente en galletas.blogia.com el 10/03/2010

Batman R.I.P.

Estos últimos años, Grant Morrison se ha dedicado a escribir para las majors del comic USA. No por casualidad, al tratar personajes icónicos con tanto trasfondo y connotación, sus historias han ido adquiriendo una mayor complejidad narrativa; recurriendo a la elipsis, a la insinuación de innumerables ideas -cada detalle de la viñeta es relevante- y a la complicidad con el lector. Del mismo modo, ha potenciado esa intertextualidad y esa autoconsciencia que ya sabía manejar tan bien. En Batman R.I.P. confluyen la mayor parte de sus virtudes: su gusto por la maduración e integración de conceptos estrafalarios e ingenuos de los años 50, el manejo de varios niveles de realidad tanto dentro como fuera -los subtextos- de la ficción, la reinvención del tópico a base del golpe emocional, unos diálogos excepcionales y cierto toque metalingüísitico. Dicho de otro modo, Morrison consigue mezclar elementos dispares de los 70 años de la historia de Batman -de lo camp a lo freudiano– a un ritmo demencial; y al mismo tiempo hace que parezca que todo tiene sentido, aunque precisamente nos esté hablando de la condición infinita del heroe de cómic. Todo esto sin que Batman pare de repartir sopapos. Lastima que Tony Daniel al dibujo no sea la mejor opción.

Publicado originalmente en microcritic.wordpress.com el 05/11/2009