Rocky V – Repudiado telefilme, o no.

Bueno, este es un artículo sobre Rocky V que no debería haber aparecido aqui huerfanito, comenzó como parte de un proyecto con insignes y reverenciadas firmas de la red, donde cada uno iba a hablar de una de las películas de la saga. Pero, hay veces que no puede ser y que la pera se pone pocha por un aqui y un alla. Encuentro la solución de, al menos colgar el mio en este su blog amigo, como una alternativa para que no caiga en saco roto. Entiendo que me tocó la película de Rocky más pereza de todas, pero al mismo tiempo, quizá sea la mas curiosa de analizar  y la que mas datos nos pueda dar sobre toda esa parábola del heroe moderno que se conforma, casi inconscientemente pero de manera ferrea, en la 6 películas de  la saga de Stallone, al ser tomada como eslabón más debil de toda la saga, nos muestra una parte del todo muy reveladora.

Alla vamos:

Mi ring está ahí fuera

A primera vista, no es fácil hablar de Rocky V. Los seguidores habituales de la saga la tienen como esa película de Rocky que aunque simpática, ya no da para más. Agota una formula que ya ha llevado a Rocky a ser prácticamente un superheroe al final de la cuarta parte. Para los no seguidores es básicamente un telefilme. Sin embargo, aquí me planto yo, en plan Balboa, con los cojones cuadrados en mi esquina del ring para demostrarles que en Rocky V aun queda tela por cortar. Pensándolo fríamente, a estas alturas la saga, Stallone ya nos ha legado la particular visión de la vida en Rocky, su mejor combate en Rocky II, su sabiduría sobre la amistad y la madurez en Rocky III y el que probablemente sea el mejor montaje de entrenamiento jamas realizado en Rocky IV. Balboa nos ha legado los mejores años de su vida cuando llegamos al final de la cuarta parte, pero es que de eso va precisamente Rocky V. Como en el Pat Garret & Billy the Kid de Peckinpah, Rocky V nos habla del DESPUÉS. De la vuelta a la realidad.

Coexisten, a mi parecer, en las entregas de Rocky dos vertientes principales que conforman la filosofía de la saga.

La primera, el existencialismo de Stallone, la capacidad para labrarse un destino a golpes con la vida, para llegar a donde uno quiera, siempre y cuando este dispuesto a machacar a un rival. Vivir es luchar, y cuando se pelea, siempre hay uno que pierde. Rocky es todo corazón, pero cuando sube a un ring mata. Se mofa, se burla, libera al monstruo.

La segunda es el discurso de Frank Capra de barrio, de héroe proletario de vida dura. Si vivir es luchar, lo único que puede hacer el hombre recto es luchar con causa, contra el mal, contra los malos. Los monólogos sobre valores que abundan en la saga convierten la lucha en aguante, a su protagonista en un mentor, en un amigo, y a sus películas en algo que siempre querrás ver si estas de bajona. Probablemente a tu padre se la sude Bergman, pero Rocky habla en su idioma (y en el tuyo), es tan sutil como un ladrillo a la cabeza y dice verdades.

Estas dos vertientes no se mantienen en equilibrio mucho tiempo. En el momento de Rocky II en el que Adrian se despierta del coma y le pide a Rocky que gane a ritmo de Bill Conti la saga de Rocky va a dejar de lado el realismo social de la segunda vertiente (eso si, sin olvidar la bondad intrinseca) para convertirse a lo largo de tres películas en un desfase, en Rocky como icono pop tan grande como gozoso. Balboa se desvincula de la realidad y crece como héroe épico y simbólico: ganando primero un titulo que le había negado el sentido común en la primera parte, manteniendo después ese titulo contra el mismo Dios si es necesario e incluso venciendo al sistema maquinal, comunista y malvado del Este. Al final de Rocky IV, Balboa es Occidente como la Coca Cola, y yo aplaudo por ello. Pero el sueño no dura siempre y Occidente no es tan puro. De ahí que esta secuela sea tan necesaria. Frank Capra ha vuelto, quizá mejor que el propio Capra, más sencillo, más directo a la mandíbula. Y esta vez para quedarse.

Esta intención queda clara desde los primeros momentos de Rocky V y ese “Quiero irme a casa” de un Balboa enfermo nada mas terminar el combate contra el ruso. Esta harto de ganar así, se ha metido en un ciclo inacabable de duelos por una causa cada vez mayor que ni siquiera ya entiende, ha perdido la perspectiva. A partir de su vuelta a los USA, quizá esta entrega de Rocky sea la que mas giros de trama proponga (sin contar la subtrama del niño y los matones escolares, que obviare por considerarla un elemento de unión entre las tramas principales. Y por considerar al chaval, imagen especular del pupilo de Rocky, mera comparsa) y por ello la mas compleja de analizar paso a paso. Trataremos de ir por orden.

La aparición de un negro enorme con bigote que se hace llamar George Washinton Duke (No hay que ser un lince para ver lo connotativo del nombre) y su “A mamporro limpio en Tokio” engaña como primer desencadenante de la trama. Ya le han propuesto el nuevo combate, ya esta hecha la película. Pero esta vez nada es tan fácil. Rocky esta jodido y si lucha puede morir, por mucho que otra de esas hostias de la vida le haya dejado sin un duro y tenga que decir eso tan simbólico de :”He de pelear, esta claro, tengo problemas y he de pelear” este Rocky es diferente. Al eludir la primera propuesta del guión, Balboa transforma la película en una vuelta a los orígenes, a la pobreza, al barrio, a la fe en la humanidad. Aquí aparecerá la que se supone segunda linea argumental, que también acabará torciéndose: La aparición de un boxeador llamado Tommy Gunn que Rocky acoge bajo su tutela y que le permitirá revivir los viejos tiempos.

Puedo decir que me emociona Rocky V. Me emociona porque una de las bases de su trama es la aceptación de que el pasado pasó, y eso es jodido de aceptar y de tratar. George Washinton Duke es el puto demonio, el demonio del capital, el tipo del monopoly. Todo lo que toca lo pervierte, lo compra, lo jode el muy hijo de puta. Mientras existan hombres como él degenerando el boxeo a golpe de : “es hora de meter pasta en esos músculos” (y con la básica dicotomia de “el boxeo es la vida” de la saga no es difícil extrapolar el subtexto) da igual lo bueno que sea Balboa, lo que luche, lo que aguante, todo lo que gane. Rocky ha de aceptar que siempre será un perdedor porque solo es un don nadie más a la deriva de un sistema podrido. En el universo de Balboa no se puede cambiar a un enemigo que no sube al ring a luchar, que lo maneja todo desde fuera. Y ese es el enemigo que hace daño de verdad. El enemigo que puede llevarse a sus amigos, pervertir a su pupilo o enfrentarlo a su familia. Y es que la reaparición de Duke quiebra de nuevo la trama cuando arrebata a Tommy Gunn de las enseñanzas de Rocky. Planteando de paso, que como Bruce Wayne es Batman, solo hay un Rocky. No hay legado. No lo hay porque el enemigo, al contrario que en Rusia, no es un cabrón enorme y rubio, producto del colectivismo, al que puedes derrotar para que todos los suyos lo vean. El capitalismo es un sistema que se actualiza fagocitando a sus enemigos, y comercializándolos. Se aprovecha de las debilidades. Y Balboa es pura bondad, demasiado bueno para comprender o inmiscuirse en técnicas tan ladinas. Balboa siempre será un perdedor trágico porque no puede cambiar las cosas, ni obligar al resto de la gente que sea tan humilde como él. Aunque nunca deje de intentarlo.

Resulta significativo para reafirmar esta propuesta, el poder que lo periodístico desarrolla a lo largo de la película, desbocado en las ruedas de prensa, los titulares o las caricaturas. Prácticamente provocan toda la tragedia a modo de coro griego, poniendo voz a la corrupción que envuelve a un Rocky apolítico y moral. Porque Rocky es apolítico, no lo olviden, es ingenuo, es un tipo de abajo. Y no aparece un solo reportero que haga eco de las voces de los de abajo en toda la película. En definitiva, Rocky ha de aceptar que el pasado fue un sueño, que occidente solo utiliza a sus héroes, que le queda su familia como único apego a la realidad y que si no espabila la perderá. Que debe aferrarse a los valores pequeños, a la microsociedad mas fundamental y seguir sobreviviendo a los golpes de la vida.

Pero una vez se acepta esto (con uno de los combates de la saga mas sutiles, emotivos y complejos, en el que Rocky ve -que esta claro que lo lucha él a golpe de montaje- a través de la televisión la victoria de su antiguo pupilo) ya toca repartir ferfa. En el momento en el cual el resto de los mortales nos mordemos los nudillos ante la injusticia y pasamos desapercibidos, Balboa vuelve a la fábula y actúa. Que para eso es Cine. La parte final de la película supone la última sorpresa al aparecer un Tommy carcomido y dispuesto a pegar al padre (como se vaticina en una comida “familiar” previa). Ahora Rocky está harto, aceptar tu vida no significa que te guste y es hora de joder como se pueda. Si el enemigo no sube al ring, el héroe baja a las calles y se caga en su puta de madre. De ahí que la victoria final de Rocky sea tan marrullera, tan repleta de golpes callejeros. Se trata de vencer a la vida con las armas que tienes, de devolver algo de lo que has aprendido por las malas, y si te falta el respeto, tu no te quedas atrás.

Siempre se ha comentado que la idea original era que Rocky muriera en aquella pelea, lo que hubiese sido una descorazonadora victoria para la vertiente social de la saga. Un final excesivamente trágico y sin posibilidad de perpetuidad cinematográfica. No nos equivoquemos, esto es a-p-a-r-é-n-t-e-m-e-n-t-e dramático, en realidad es Rocky. Lo que hace grande a Rocky es que gana. Y es por eso que cuando Balboa acaba con Tommy, y sobretodo cuando machaca a Duke al grito de “puedes demandarme” el espectador quizá se lleve la mayor satisfacción de la saga aunque no lo sepa. Satisfacción por simbología utópica, satisfacción porque son los tíos mas rastreros e indignos de toda la historia de Rocky, satisfacción porque un verdadero héroe no tiene miedo a las demandas como no se lo tenía a Apollo Creed. Satisfacción, en definitiva porque Rocky esta ahí repartiendo hostias para que gente como tú o yo aun creamos en algo. Y esa es por definición la labor del héroe, y por extensión la de toda ficción.

 

Publicado originalmente en galletas.blogia el 18/03/2010