XXI tebeos del siglo XXI (I): KICK-ASS

Mark Millar es odiado y admirado por igual, odiado por aquellos que solo ven en él un cateto fiestero y provocador, admirado por todos los que sabemos que la acción es la metafísica del tebeo de superheroes. Millar conoce el género y conoce la necesidad de crear en el lector esa sensación de sorpresa que ha perdido con los años, que sólo puede volver a él con un poco de ruido. Y es que, como Grant Morrison, Warren Ellis o Garth Ennis, Millar es un autor mucho más inteligente y con un discurso formal mucho más trabajado, no ya de lo que el fan medio cree, si no de lo que el fan medio gritón de internet se merece. Y con Kick-Ass quizá haya conseguido su mejor obra.

Kick-Ass se estructura, en un principio, de una manera muy simple: la realidad. ¿Por qué nadie se pone unas mallas y combate el crimen, si eso mola un huevo? Y como en toda realidad real, las consecuencias de que un niño se crea un superheroe son desagradables. Desagradables hasta tal exageración que produce risa porque lo estamos leyendo en un tebeo, un medio de evasión. Es entonces cuando el tebeo enlaza espiritualmente con una tradición mucho más antigua, la del Quijote. Actualizando la dicotomía realidad/ficción de Cervantes al cambiar caballero andante por superheroe y locura por voluntad, Kick Ass se deja llevar por lo demencial de su propuesta hasta que la propia realidad inicial se distorsiona y todo deja de tener gracia.

Acompañado de un John Romita en plena forma, Kick-Ass no sólo tiene un ritmo y un tono adrenalínicos, eso no hay ni que decirlo, no sólo es un gran tebeo ácido de hostias y miembros amputados. Tambien es la patética historia de como un don nadie puede hacerse famoso e inspirar a otros gracias a Youtube -puede hacer que el entorno le trate por su fantasía, y no por su realidad, como los héroes de antaño- y qué significa eso para su sociedad, que al final, es la nuestra.

Lástima que la película fuese tan decepcionante.

Publicado originalmente en el blog de Nexus-4 el 4 de agosto de 2010

Don Quijote, análisis del heroe y reinvención de la novela de aventuras

Lo siguiente que pueden leer si les apetece resulta un estudio de un servidor de la novela de Cervantes desde un punto, digamos, personal. Alejada de la habitual dicotomia cómico-trágico que persiste en las actitudes filologicas. Tampoco es que lo que yo pongo sea nada nuevo, no nos vamos a engañar. Pero intenta dar una perspectiva más posmoderna, una perspectiva metaliteraria.

La estructura es la siguiente: Las primeras partes funcionan como preambulos informativos, muchos robados de otras fuentes. La segunda es el estudio en si, las partes en cursiva, evidentemente pertenecen a extractos de la obra de Cervantes. Al final disponen de la bibliografia utilizada.

LA NOVELA DE AVENTURAS

Calló en diciendo esto el cautivo, a quien don Fernando dijo:

-Por cierto señor capitán, el modo con que habéis contado este extraño suceso ha sido tal, que iguala a la novedad y extrañeza del mismo caso: todo es peregrino y raro y lleno de accidentes que maravillan y suspenden a quien los oye; y es de tal manera el gusto que hemos recibido en escuchalle, que aunque nos hallara el día de mañana entretenidos en el mismo cuento, holgáramos que de nuevo se comenzara.

1º parte, cap. XLII

La novela de aventuras es un género literario que enfatiza en su argumento los viajes, el misterio y el riesgo. Donde el lector tiende a identificarse con el héroe, que así amplia la categoría conceptual de descubrir el misterio o la recreación del futuro y el riesgo calculado. El liderazgo del personaje principal y asimismo el suspenso por el control de la aventura. Otra característica recurrente es la acción presente hasta dominar los escenarios, básica para el desarrollo de la trama.

Se considera que los orígenes del género de aventuras se encuentran en La Odisea y en La Ilíada de Homero (siglo VIII a. d C.) y, por ende, en la épica clásica. En la primera, el héroe Ulises lucha por volver a su hogar en Ítaca tras la Guerra de Troya. He aquí el viaje iniciático del protagonista que será la base para las futuras aventuras narrativas. También los cuentos de Las mil y una noches, donde encontramos a Aladino o Simbad, el marino.

Con respecto a la Edad Media, los Libros de Caballerías, como El Libro del Caballero Zifar o el Amadís de Gaula, son una buena referencia. De 1699 es Las aventuras de Telémaco, de François Fénelon, basado en La Odisea y que continúa las aventuras en la figura del hijo de Ulises, un libro que tuvo mucho éxito entre los jóvenes de la época, siendo el más leído y traducido del momento.

Ya en 1719, encontramos la primera obra moderna del género, Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, quien basó su relato en la aventura verídica del marinero Selkirk, abandonado como castigo en una isla desierta. Todos conocemos su éxito, tanto que ha sido muchas veces adaptada al cine e imitada por otros autores. Ejemplo, Escuela de Robinsones, de Julio Verne (1874). Tras Crusoe, llegaron Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift (1726), que, aunque en origen fue una novela satírica contra la vida política del momento, encontró un rápido éxito entre niños y jóvenes, encantados con las aventuras de Gulliver en Lilliput y otros lugares exóticos. Como ejemplo definitivo del siglo XVIII, El último de los mohicanos de James Fenimore Cooper (1757), que narra la lucha de dos amigos indios por sobrevivir durante la colonización inglesa de Norteamérica.

Fue en el siglo XIX cuando se produjo el auténtico auge de las novelas de aventuras y donde encontramos —aparte de las ya mencionadas— las obras maestras del género. Para empezar, el Ivanhoe (1820) de Walter Scott, que cuenta las aventuras del joven caballero Wilfred de Ivanhoe, quien tras luchar en Tierra Santa con el rey Ricardo Corazón de León, regresa a una Inglaterra llena de intrigas durante la regencia del príncipe Juan. De algunos años más tarde, 1838, son Las aventuras de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe, un relato de aventuras marineras de tipo episódico.

El prolífico Alejandro Dumas nos dejó Los tres mosqueteros (1844) con los inolvidables D’Artagnan, Athos, Porthos y Aramis, y El conde de Montecristo (1845), donde el joven Edmond Dantés sufre una cruel traición y fragua su venganza.

Charles Dickens publicó en 1850, David Copperfield; Alphonse Daudet hizo lo propio en 1872 con su Tartarín de Tarascón. Un año después, el genial Julio Verne presentó La vuelta al mundo en 80 días. Luego vendría Mark Twain con Las aventuras de Tom Sawyer en 1876, Las aventuras de Huckleberry Finn en 1884 y Un yanki en la corte del rey Arturo en 1889. Tampoco podemos olvidar a Robert Louis Stevenson y su mítica La isla del tesoro (1883), ni Las minas del rey Salomón (1885) de H. Rider Haggard. Para cerrar el aventurero siglo XIX, El corsario negro (1898) de Emilio Salgari y el inquietante viaje a África de Marlow en El corazón de las tinieblas (1899) de Joseph Conrad.

El género de aventuras continuó en el siglo XX con Las cuatro plumas (1902) de Alfred E. W. Mason, novela en la que el joven Harry Feversham luchará por reponer su honor después de desertar del ejército al ser reclamado para defender la colonia británica de Jartum en África. Dos años después, James Matthew Barry publicó Peter Pan, el niño que vivía en el País de Nunca Jamás y se negaba a crecer.

La Pimpinela Escarlata (1905) de Emma de Orczy, relata la doble vida de sir Percy Blakeney, quien para unos era un arrogante aristócrata francés de vida frívola, pero que en realidad se dedicaba a salvar a inocentes del Reinado del Terror tras la Revolución Francesa. Otro clásico bien explotado por el cine es el Tarzán de los monos (1914) de Edgar Rice Burroughs, al igual que las peripecias del espadachín Scaramouche (1921) de Rafael Sabatini.

A partir de aquí la multiplicidad de derivaciones y subgéneros que surgirán a lo largo del siglo XX, así como sus fusiones entre ellas son prácticamente incontables para las pretensiones de este trabajo. La evolución del folletín en lo que se conoció como “Pulp” en estados unidos, denominación popular estadounidense que se daba a cierto tipo de revistas populares especializadas en el relato y la historieta. Dichas revistas (Weird Tales, Amazing Stories y Black Mask fueron las más famosas) surgieron al finalizar el primer tercio del siglo XX. Esto propició la aparición y consolidación de nuevos subgéneros: la novela fantástica de espada y brujería, que culminaría en el Señor de los anillos; la ciencia ficción, que ya llevaba un tiempo gestándose con las novelas de Wells y Verne; la serie negra, desarrollo desencantado y aventurero de las intelectuales novelas de crímenes del XIX; así como las desventuras del héroe tecnológico o Bondiano luchando contra toda una organización criminal que intenta socavar al mundo libre o el prototipo superheroico del comic book, reflejo popular de las antiguas gestas griegas.

Estos son solo algunos de los ejemplos de aventuras que se han consolidado en la imaginería popular del siglo XX. Solo una cosa queda clara de este nuestro último siglo, la aventura debe crear nuevos y lejanos espacios, o debe recrearlos en los callejones mas profundos de una urbe que ha dejado de ser tan conocida como era. Poco queda de los sencillos viajes en barco a explorar tierras lejanas, el espacio exótico prácticamente ha desaparecido y las novelas se ven obligadas no solo a crear nuevas fronteras, si no a reflejar cada vez mas las fronteras interiores, las oníricas, las de la psique humana.

ANEXO: LA NOVELA DE CABALLERÍA

Por su proximidad y referencia directa a esta evolución de la primeriza novela de aventuras en el Quijote voy a proceder a tratar mas de cerca el subgénero aventurero:

El libro de caballería es un género literario en prosa, de gran éxito y popularidad en España y Portugal en el siglo XVI. Se escriben desde fines del siglo XV hasta 1602 y empiezan a perder su popularidad hacia 1550. El último libro original, Policisne de Boecia, se publica en 1602, pero muchos de los libros de caballerías siguen reeditándose durante todo el siglo XVII.

Este género se inauguró en el siglo XII con la serie de El rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda. El siglo siguiente lo tiñó de valores cristianos, y le hinchió del amor cortés provenzal tan de moda de esos tiempos. Además del ya citado ciclo artúrico, entre los libros de caballerías más famosos se encuentran las obras de Chrétien de Troyes, así como las de Marie de France y el muy conocido libro de Tristán e Isolda

Como contrapunto a la fiereza y violencia guerrera, está el masoquismo amoroso inspirado en el amor cortés. En España, los libros de caballerías se presentan como crónicas verdaderas, pero su ficción no tiene ninguna conexión, por débil que sea, con la verdad histórica. Esta es una de las principales objeciones de los críticos: que son libros ficticios o mentirosos que se presentan como historia verdadera y real. Los caballeros andantes españoles, como Amadís, son nuevos héroes con dinastías inventadas. Gozan de una inmensa popularidad en España en grandes ciclos o familias (Amadíses, Palmerines, Clarianes, Febos, etc.); sus características esenciales son:

  • Se trata de ficciones de primer grado: importan más los hechos que los personajes, que suelen ser arquetípicos y planos y son traídos y llevados por la acción, sin que esta los cambie o los transforme y sin que importe demasiado la psicología de los personajes.

  • Estructura abierta: inacabables aventuras, infinitas continuaciones posibles; la necesidad de hipérbole o exageración, la amplificación (cada generación tiene que superar las hazañas, hechos de armas o fama de su padre). Los héroes no mueren, siempre existe un camino abierto para nueva salida. Total falta de verosimilitud geográfica, lógica. Libros larguísimos, de aventuras entrelazadas. los cruzados

  • Búsqueda de honra, valor, aventura a través de diferentes pruebas. Es una estructura episódica donde el héroe pasa por distintas pruebas (como, por ejemplo, el paso del “Arco de los fieles amadores” en el Amadís) para merecer a su dama, desencantar a un palacio, o conseguir alguna honra reservada para el mejor caballero de su tiempo. Casi siempre la motivación principal del caballero es fama y amor.

  • Idealización del amor del caballero por su dama: amor cortesano, servicio de la dama, idolatría masoquista; relaciones sexuales fuera del matrimonio con hijos ilegítimos, pero siempre terminan por casarse.

  • Violencia glorificada. Valor personal ganado por hechos de armas; combate individual para conseguir la fama; el valor superior implica moralidad superior, excepto jayanes (soberbios); torneos, ordalías, duelos, batallas con monstruos y gigantes. Como contrapunto, masoquismo amoroso.

  • Nacimiento extraordinario del héroe. Hijo ilegítimo de padres nobles desconocidos, muchas veces reyes; tiene que hacerse héroe, ganar fama y merecer su nombre; muchas veces tiene espada mágica u otros poderes sobrehumanos, y goza de la ayuda de algún mago o hechicero amigo.

  • Ideal cristiano de una Guerra Sagrada contra los turcos. Cruzada para defender Constantinopla (perdida de verdad en 1453). Evocación nostálgica de la Reconquista (terminada en 1492).

  • Geografía totalmente fantástica; viajes a nuevas tierras; monstruos como el Endriago, gigantes, pueblos paganos con ritos extraños; barcos encantados que pueden navegar distancias enormes en una hora; palacios mágicos, lagos encantados, selvas misteriosas.

  • Tiempos históricos remotos, míticos, sin referencias a circunstancias históricas sociales contemporáneas.

  • Tópico de la falsa traducción, los libros se presentan como traducidos de originales escritos en griego, alemán, inglés, toscano, árabe u otras lenguas, o como “manuscritos encontrados” después de largo tiempo ocultos o enterrados.

MECANISMOS DE LA NOVELA DE AVENTURAS

Con ideas y fragmentos de Jose Mª Bardavio en su estudio: La novela de aventuras, Jose Mª Bardavio(Colección Temas nº12, 1977)


El héroe, el objetivo y el viaje:

Por lo general, en la novela de aventuras siempre hay un viaje. Un viaje externo que el protagonista vive, en el que se enfrentará a situaciones comprometidas o peligros, y también un viaje interior que le hará crecer y mejorar hasta alcanzar sus metas. El viaje siempre es una iniciación en un saber que antes no se tenía. El esquema salida-viaje-retorno se suele repetir en el género, creando expectación para el lector, quien llega a las últimas páginas en busca del destino del héroe que lo ha cautivado con sus peripecias. Sí, siempre hay un personaje principal con el que el lector se identifica plenamente.

Aunque menor, la novela de aventuras es un género sumamente ambiguo, y esta ambigüedad proviene de su falta de limites. No hay fronteras para un discurso que explora lo ilimitado. El momento en el cual la aventura se repliega de la novela coincide con una acción paralela: la perdida del espacio ignoto.

Así, el comportamiento básico del héroe es lineal. Esto nos llevaría a considerar a este tipo de narrativa como una sucesión de espacios que se van conquistando, de tramas que se van recorriendo y esto, a su vez, nos encauzaría en la idea de que la novela es composición de frases. El espacio esta reglamentado (por el Orden o por el Desorden). Cada sentido esta metamorfoseado (el árbol que detiene la caída del héroe es un tipo de ayuda simbólica), pero la suma de todos ellos obedece a dos únicas pirámides: la del bien y la del mal; la de los medios solidarios y la de los medios adversos. El concepto progreso del héroe revela la condición lineal del recorrido heroico, mientras que los medios solidarios y los medios adversos sintetizan todas las posibilidades que asaltaran al héroe en la travesía del discurso. Lo solidario o adverso será el paisaje físico o moral que bajo infinidad de metamorfosis formara el recorrido. El héroe es simbólicamente un discurso atravesando un universo maniqueo. Una intención (llegar a determinado lugar; conquistar algo…) rodeada de intenciones cósmicas procedentes de cualquier matriz moral, asumiendo todos los disfraces. Progresar significará identificar la carga solidaria o adversa y proceder en consecuencias.

La novela de aventuras es vencer una dialéctica que se opone al héroe y que fundamentalmente consiste en que a una línea del destino, definida al principio con absoluta claridad, se van levantando unos obstáculos que, también desde el principio, procuran alejar al héroe de la meta pactada con su propio destino. De este modo, la aventura supone un cambio continuo de escenario. La fuga adquiere siempre un matiz simbólico, es la salida de la muerte, es la asociación del héroe con el dato impensado, no se permite en la novela de aventuras la vuelta al escenario ya superado. No se vuelve a ese escenario, porque estructuralmente no se debe volver, no se trata de volver, sino de volver a jugar. Volver a lanzar datos de la suerte, almacenar puntos a favor o en contra, pero proseguir.

La acción

La acción trepidante es otro rasgo fundamental de este género, así como los diferentes escenarios y lugares que se suceden, casi siempre exóticos. Los libros de aventuras brindan la posibilidad de visitar lugares que, de otro modo, sería imposible: el desierto, la jungla, alta mar, una batalla, etc.

La novela de aventuras es esencialmente alimento síquico. No se trata de razonar, si no de hacer. Acometer un hecho aventurero, puede partir de un acto racional, pero desde el momento en el que esa razón se convierte en acto, desde ese preciso momento, desaparece el impulso lógico, racional, para dar paso a la acción. El sujeto de la acción se ve súbitamente invadido por las voces de la agresión y de la superación; en esa fracción oscura e irracional deviene la aventura. El yo del héroe se hace sujeto de una actividad pre-racional, actúa a impulsos sustancialmente primitivos. Esa nueva identidad psíquica lo convierte en un ser privilegiado porque el discurso irracional se traslada a la literatura a través del molde incuestionable del mito.

Sin duda, la novela de aventuras es la esencia misma de la ficción, puesto que se gesta con el sencillo objetivo de entretener. La aventura es aquello que se opone a la rutina, a lo cotidiano, de ahí su valor. Es la capacidad del protagonista para enfrentarse a riesgos, misterios y peligros. Por norma, la novela de aventuras cuenta con un final feliz. El héroe, aunque cansado, logra al fin sus propósitos. El final lo explica todo y en esa explicación se intenta aclarar lo inexplicable. El final tiende a dejar las cosas como estaban al principio. Tan importante resulta investigar las entrañas del desorden como reponer el orden.

La mujer, el logro, el final de la aventura.

La mujer tiene dos funciones básicas. Trata de desviar al héroe de su recorrido trata de disuadirle, como en la odisea, o simplemente le acompaña. Aunque el segundo caso es el mas frecuente, no indica que la mujer sea buena compañera. Todo lo contrario.

Pero mas que eso, como reflejo primitivo de los deseos del héroe, actúa como uno de los catalizadores principales, del objetivo final básico, objetivo que si bien en el trascurso histórico del género cambio a elementos mas abstractos, suponía el elemento desencadenador del género en sus inicios. Su gran papel es el de mentalizar el discurso, su presencia supone grandes actos heroicos, pero, una vez rescatada, su presencia es pasiva. Solo al final, desde ella, comenzará lo que esta mas allá de la propia novela de aventuras. La mujer (como objetivo mayoritario del héroe) empieza el final de la novela de aventuras: se casa y desaparece con el mismo libro.

DE LA NOVELA DE AVENTURAS CLÁSICA A LA NOVELA DE CABALLERÍAS

Una vez habiendo situado todos los elementos básicos, podemos empezar a relacionarlos, así, con un esquema sencillo que tenemos abajo ponemos en orden los elementos básicos de la novela clásica:

Heroe →→→→ →→ →→ Objetivos

Voluntad y virtudes.

El héroe, tiene un objetivo, un objetivo tangible de mayor o menor envergadura, desde reencontrarse con su mujer (la odisea) a liberar a su pueblo (Moisés y su éxodo bíblico). Para llegar a ese objetivo debe solventar o superar una serie de problemas, que se conforman como el espacio hostil y maniqueo, en su contra. Ya sea este espacio físico (geográfico), humano (enemigos) o sobrenatural (divino, infernal…) se reconoce como malo, de una moralidad equivocada. El héroe, por simple descarte, por contraposición, es moral y bueno. El héroe posee unas virtudes buenas, ya que si no formaría parte del espacio, seria indistinguible de éste. Y no solo posee esas virtudes, si no que como ya hemos dicho, debe poseer la voluntad del discurso para adentrarse en el peligro y superarlo, para llegar a la gesta, a lo irracional, lo hiperbólico y crear el mito. Así, en un principio, la posesión de esas virtudes y esa voluntad son los medios de los que dispone el héroe para enfrentarse a la adversidad, cambiar el entorno y lograr su objetivo mientras atraviesa siempre haca adelante el terreno en contra.

¿Pero que ocurre en la novela de caballerías? Aquí, el objetivo ha cambiado, ha dejado de ser algo físico para ser abstracto. Donde antes había que salvar a una amada como objetivo, ahora hay que conseguir honra, fama, prestigio. Salvar a la amada es un medio, no un fin. Con el objetivo abstracto el héroe ya no tiene un recorrido tan lineal físicamente, ahora su camino es tortuoso y debe ir superando pruebas que demuestren su valor. Debe deambular a la escucha de grandes empresas y acercarse él al peligro. La perspectiva ha cambiado, ahora la virtud y el valor (la voluntad) dejan de ser un medio y se convierte en una obligación, casi en una finalidad, algo que demostrar constantemente para ir consiguiendo reconocimiento, ya no vale con tener virtudes, hay que centrarse en eso, ser el que mas virtudes tiene y demostrarlo continuamente. Por eso la senda del caballero es menos definida que la del héroe clásico, porque su objetivo es mas subjetivo.

→                   

↑   ↓                   

Heroe →→     → →     →→ Objetivo

                           ↓   ↑               ↑

                             →                ↓

                                                                       Voluntad y virtudes.

CERVANTES Y EL QUIJOTE, DEFORMANDO AUN MÁS EL ESQUEMA

Aunque entraremos mas a fondo posteriormente en todos los detalles de esta perspectiva del quijote, resumo la base por la cual Cervantes distorsiona aun mas el esquema en su concepción y evolución del Quijote.

Así, Cervantes cambia aun mas el objetivo del héroe, en el quijote, base de toda la novela, se da siempre un conflicto entre la realidad y la ficción. Este conflicto nace del objetivo del héroe.

En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos, como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles, y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

El objetivo del héroe no pertenece a su mundo, hecho insólito hasta ahora, pertenece a un mundo literario, un mundo imaginario, a la ficción y en definitiva, a lo irracional. Esto va a caracterizar la base de la novela, el viaje del héroe ya no es solo deambular, es un deambular arbitrario; todas las pruebas que antes existían para el caballero andante ahora no están por ningún lado, así que el Quijote debe crearlas, debe volverse loco. Las virtudes y valores que pretende demostrar para obtener ese objetivo son harto inexistentes para la sociedad en la que se mueve; y en referencia a esa sociedad, el espacio es de una adversidad infinita, total. La lucha aventurera del quijote como héroe, es probablemente la lucha definitiva, porque es una lucha contra la realidad, es una lucha en la que para triunfar debe convertir todo lo que le rodea a como debería ser, la manipulación a la que debe ser sometida el ambiente para que el discurso del héroe sea movido por la voluntad del mismo, es un nivel por encima de lo épico. Y aquí aparece el concepto de utopia.

Cervantes juega también con el elemento de la moral, en realidad en el Quijote el “espacio maniqueo” es la España real, para mas efecto, la Mancha, donde nunca pasaba nada, se convierte en el espacio ignoto. Así el mundo adverso al héroe es el real, el nuestro. Por clasificación genérica la realidad es cruel por definición de genero y el Quijote es el bien, el sueño. El único héroe que queda. El loco, el atrevido. Su voluntad, la mayor que ha tenido nadie, voluntad fanática. Sus virtudes únicas, sin duda nadie mas las posee. La acción, irracional como ya hemos definido, es evidentemente absoluta, lo que definitivamente convierte el Quijote en el punto mas alto que ha dado el genero aventurero.

Nunca diremos que la locura del Quijote es una locura fingida o de elección, pero si podremos aseverar que en su locura por las novelas de caballería se obliga, en ese mundo ordinario, a crearse todos los elementos del genero, para que todo funcione como deba. Dulcinea es una prueba de ello, los encantadores otra.

Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín, y confirmándose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa, sino buscar una dama de quien enamorarse, porque el caballero andante sin amores, era árbol sin hojas y sin fruto, y cuerpo sin alma.” I,I

por lo cual me doy a entender que aquel sabio nigromante, que tiene cuenta con mis cosas, y es mi amigo, porque por fuerza le hay y le ha de haber, so pena que yo no sería buen caballero andante,” I, XXXI

Autoimpuestos por obligación, denotan hasta que punto Don Quijote crea su personaje, y tiene esa voluntad de crearlo. Ese abrazo o elogio de la locura que se desarrollará a lo largo de la obra. Abrazo fundamentado como utopía, como ruego por la vuelta de los antiguos valores que el Quijote denomina “edad dorada”. En relación de esos viejos valores con una lectura casi metalingüística de la obra:

Digo asimismo que cuando algún pintor quiere salir famoso en su arte procura imitar los originales de los más únicos pintores que sabe; y esta mesma regla corre por todos los más oficios o ejercicios de cuenta que sirven para adorno de las repúblicas, y así lo ha de hacer y hace el que quiere alcanzar nombre de prudente y sufrido, imitando a Ulises, en cuya persona y trabajos nos pinta Homero un retrato vivo de prudencia y de sufrimiento; como también nos mostró Virgilio, en persona de Eneas, el valor de un hijo piadoso y la sagacidad de un valiente y entendido capitán, no pintándolos ni describiéndolos como ellos fueron, sino como habían de ser, para quedar ejemplo a los venideros hombres de sus virtudes. Desta mesma suerte, Amadís fue el norte, el lucero, el sol de los valientes y enamorados caballeros, a quien debemos de imitar todos aquellos que debajo de la bandera de amor y de la caballería militamos. Siendo, pues, esto ansí, como lo es, hallo yo, Sancho amigo, que el caballero andante que más le imitare estará más cerca de alcanzar la perfección de la caballería.” I, XXV

Dice Francisco Rico de este fragmento que Cervantes da aquí una optima síntesis de la teoría clásica y renacentista de las artes: el escritor, en concreto, debe imitar la realidad, pero perfeccionándola y mejorándola, mostrando las cosas “como había de ser”; para llegar a esa imitación idealizada debe a su vez imitar a los artistas que le han precedido y que han sobresalido en la practica.

Se crea como ya he dicho un juego donde el personaje se hace eco de la teoría en el ámbito de la caballería, esos que le han precedido no existen, pero para él si, y para Cervantes aun mas, como referentes literarios. Se puede decir que en el Quijote se lleva la teoría Aristotélica a su máxima expresión, a la realidad. Los éxitos de Don Quijote funcionan al trasfigurar la realidad, al hacer que la gente o el entorno que le rodea, por decirlo de alguna manera, juegue a su juego. A exudar y trasmitir esa imaginación, esa ilusión y permitir que penetre en otros, transformándolos, la victoria de Don Quijote es tal que el espacio acaba moviéndose inconscientemente hacia él, del mismo modo que el humor aparece en un principio en su desmesurado fracaso, en los irracionales intentos de Don Quijote de manipular, como héroe clásico, un ambiente que ni se deja ni se asemeja a como debería ser.

«-Ya, señor Durandarte, carísimo primo mío, ya hice lo que me mandastes en el aciago día de nuestra pérdida: yo os saqué el corazón lo mejor que pude, sin que os dejase una mínima parte en el pecho; yo le limpié con un pañizuelo de puntas; yo partí con él de carrera para Francia, habiéndoos primero puesto en el seno de la tierra, con tantas lágrimas, que fueron bastantes a lavarme las manos y limpiarme con ellas la sangre que tenían, de haberos andado en las entrañas; y, por más señas, primo de mi alma, en el primero lugar que topé saliendo de Roncesvalles eché un poco de sal en vuestro corazón, porque no oliese mal, y fuese, si no fresco, a lo menos, amojamado, a la presencia de la señora Belerma; a la cual, con vos, y conmigo, y con Guadiana vuestro escudero, y con la dueña Ruidera y sus siete hijas y dos sobrinas, y con otros muchos de vuestros conocidos y amigos, nos tiene aquí encantados el sabio Merlín ha muchos años; y aunque pasan de quinientos, no se ha muerto ninguno de nosotros: solamente faltan Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió de tener Merlín dellas, las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora, en el mundo de los vivos y en la provincia de la Mancha, las llaman las lagunas de Ruidera; las siete son de los reyes de España, y las dos sobrinas, de los caballeros de una orden santísima, que llaman de San Juan. Guadiana vuestro escudero, plañendo asimesmo vuestra desgracia, fue convertido en un río llamado de su mesmo nombre; el cual cuando llegó a la superficie de la tierra y vio el sol del otro cielo, fue tanto el pesar que sintió de ver que os dejaba, que se sumergió en las entrañas de la tierra; pero como no es posible dejar de acudir a su natural corriente, de cuando en cuando sale y se muestra donde el sol y las gentes le vean” II, XXIII

Dice Rico con respecto a este párrafo de la cueva de Montesinos que Don Quijote convierte la geografía en fabula, mezclando la tradición caballeresca con una personificación del Guadiana y de las lagunas de Ruidera (En ella se creía que desaparecía el río, para aflorar de nuevo en los ojos del Guadiana). Esta es uno de los ejemplos mas claros de la pretensión Quijotesca, llevada aquí con bastante facilidad y clarividencia debido a que hablamos de un segmento de la segunda parte, donde el trascurso de la evolución del personaje permite esto mas que en la primera, como procederemos a aclarar en los siguientes puntos.

PRIMERA SALIDA DE DON QUIJOTE (CAP. 1-6)

Esta primeriza y corta salida de Don Quijote funciona como un génesis, Alonso Quijano, tras ser presentado sin rodeos nombra todo lo que le rodea a modo de pequeño dios insuflado de locura creadora y organiza su mundo para empezar a vivir aventuras. Todo es muy simple, la acción es rápida y el narrador nos lo presenta como un hombre impulsivo de juicio desviado, sin segundas interpretaciones. Se suceden una serie de cómicas aventuras donde Don Quijote, movido en el fondo por la bondad y el idealismo, busca «desfacer entuertos» y ayudar a los desfavorecidos y desventurados. Ve lo que no hay y se da de bruces con lo que hay. En la mayoría acaba golpeado y vuelve rápidamente a casa molido, aunque con el primer éxito de haber sido nombrado caballero.

SEGUNDA SALIDA DE DON QUIJOTE (CAP. 7-52)

Una de las principales actualizaciones y diferencias de esta segunda salida que conformará el resto de la primera novela resulta la aparición de Sancho, en principio obligado escudero en la locura de Quijote pero pronto caracterizado en la otra cara de la misma moneda. Crea esta pareja durante toda la segunda salida el concepto de la dualidad, antitética en un principio pero que se mimetizará a medida que las personalidades de cada uno avancen. De este modo, Sancho se nos presenta en un principio como el ser simple y llano, mundano y realista, que nada sabe de sueños ni de utopías, solo de bienes y materias terrenales, resumen de sabiduría popular con asno y contrapunto cómico para decir al lector la verdad en cada visión de Quijote. Elementos que pronto variarán en el viaje cuando se descubra mas ágil, mas sabio y mas ilusionado de lo que parecía en un principio.

Tras el genial escrutinio de la biblioteca se produce esta segunda salida que se puede dividir en dos partes:

-La ida: Hasta la aventura de los galeotes, donde amparados en lo que podríamos llamar una sucesión de “gags” o distorsiones de elementos de la caballería y/o personajes posibles de la Mancha se crea el canon clásico de Don Quijote y Sancho Panza, el: “<Mira Sancho, gigantes> <¡Que no son gigantes, son molinos!>. Se forja el mito, pero no solo desde el punto de vista histórico, sino dentro de la propia novela, e incluso inconscientemente para Cervantes que es probable que aun no tuviese claro como desarrollar completamente a sus personajes dado lo maravillosamente caótico y espontáneo de la primera parte del Quijote. Digo que se forja el mito, porque todo lo que ocurre en este tramo de aventuras es novedad, muchos de los eventos o personajes a los que luego se recurrirá cuando la novela alcance complejidad ficcional serán las creadas desde el principio a la llegada de Sierra Morena (Cierto es que hay un pequeño paréntesis en la trama de los cabreros, donde el propio espacio se distorsiona debido a la incursión de una ficción novelesca ajena y donde por primera vez Quijote infiere en “La edad de oro”) Y por encima de todo, todo lo que ocurre aquí con Don Quijote, es fracaso. Porque nadie lo conoce, nadie le pertenece, a nadie puede cambiar aun.

-La vuelta: Una vez se llega a Sierra Morena (lugar mas lejano al que se va a llegar en esta primera parte se produce el primer punto de inflexión que se desarrollara a lo largo de la primera parte tergiversando el canon Quijotesco y comenzando a cederle la victoria, esto ocurre por tres motivos:

  • 1-Encuentro con Cardenio:

Don Quijote se encuentra con un ser, en un principio tan loco como él por causas mucho mas novelescas dentro de la realidad (es curioso como Don Quijote se va a encontrar a lo largo de toda la saga dobles en muchas ocasiones: su doble heroico en el cautivo, su doble hidalgo en el caballero del verde gabán, su doble loco en Cardenio. etc.…) En ese contacto Don Quijote se entiende con él a la perfección, hasta que por una discusión sobre un personaje de ficción acaban golpeándose como los seres coléricos e irracionales que son. El encuentro con el loco le lleva a una idea soterrada, la de la penitencia y esto desencadena el siguiente punto

  • 2- En la penitencia del Quijote, por primera vez se para a elegir a que caballero seguir, existe una elección entre dos opciones y sobretodo, existe una voluntad, una obligatoriedad en el siguiente segmento:

-Ahí esta el punto -respondió don Quijote-, y ésa es la fineza de mi negocio; que volverse loco un caballero andante con causa, ni grado ni gracias: el toque está desatinar sin ocasión y dar a entender a mi dama que si en seco hago esto, ¿qué hiciera en mojado? (…).

Has de saber que una viuda hermosa, moza, libre y rica, y, sobre todo, desenfadada, se enamoró de un mozo motilón, rollizo y de buen tomo; alcanzólo a saber su mayor, y un día dijo a la buena viuda, por vía de fraternal reprehensión: «Maravillado estoy, señora, y no sin mucha causa, de que una mujer tan principal, tan hermosa y tan rica como vuestra merced se haya enamorado de un hombre tan soez, tan bajo y tan idiota como fulano, habiendo en esta casa tantos maestros, tantos presentados y tantos teólogos, en quien vuestra merced pudiera escoger, como entre peras, y decir: «éste quiero, aquéste no quiero». Mas ella le respondió con mucho donaire y desenvoltura: «Vuestra merced, señor mío, esta muy engañado, y piensa muy a lo antiguo si piensa que yo he escogido mal en fulano, por idiota que le parece; pues para lo que yo le quiero, tanta filosofía sabe, y más, que Aristóteles». Así que, Sancho, por lo que yo quiero a Dulcinea del Toboso, tanto vale como la más alta princesa de la tierra. Sí, que no todos los poetas que alaban damas debajo de un nombre que ellos a su albedrío les ponen, es verdad que las tienen. ¿Piensas tú que las Amarilis, las Filis, las Silvias, las Dianas, las Galateas, las Fílidas y otras tales de que los libros, los romances, las tiendas de los barberos, los teatros de las comedias, están llenos, fueron verdaderamente damas de carne y hueso, y de aquéllos que las celebran y celebraron? No, por cierto, sino que las más se las fingen, por dar subjeto a sus versos y porque los tengan por enamorados y por hombres que tienen valor para serlo. Y así, bástame a mí pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta; y en lo del linaje, importa poco; que no han de ir a hacer la información dél para darle algún hábito, y yo me hago cuenta que es la más alta princesa del mundo. Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas solas incitan a amar, más que otras; que son la mucha hermosura y la buena fama, y estas dos cosas se hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa, ninguna le iguala; y en la buena fama, pocas le llegan. Y para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad, y ni la llega Elena, ni la alcanza Lucrecia, ni otra alguna de las famosas mujeres de las edades pretéritas, griega, bárbara o latina. Y diga cada uno lo que quisiere; que si por esto fuere reprehendido de los ignorantes, no seré castigado de los rigurosos.” I, XXV

  • 3- Inicio de la utopia y de la pantomima, la quimera.

La reaparición del cura y del barbero inicia el juego de Don Quijote, a partir de aquí se comienzan unas artimañas que ocuparán el resto de la primera parte para engañar a Quijote y que vuelva a su casa, estas artimañas son conscientes por parte de los personajes sensatos que intentan engañar a Quijote (y a Sancho, que al mismo tiempo que su amo, ha cambiado, cada vez mas próximo a la ilusión por la ínsula, hasta el punto que, aun dándose cuenta de que todo es artimaña, creer que la chanza obra en perjuicio suyo y esta motivada porque quieren impedir que su amo logre conseguir mas gestas, con los beneficios que conllevan). De este modo, aunque engañado, Quijote ha comenzado a conseguir que la gente que le rodee actúe y hable como se supone que deberia hablar y actuar los personajes de su ficción.

Se sucede a esto la vuelta a la venta, se intercalan aquí las novelas ajenas y con el episodio de los cueros comienza la locura de Sancho, obsesionado con sus ganancias. Se manifiesta Quijote en el discurso de las armas y las letras en repulsa a estos tiempos que corren en los que cualquiera puede matar con un arcabuz a un caballero andante. Siguen varias desventuras hasta que llega uno de los momentos en los que quiero detenerme. Un momento casi anecdótico en el que se produce un suceso de suma importancia:

Y en tanto que le hacía esta y otras preguntas, oyeron grandes voces a la puerta de la venta, y era la causa dellas que dos huéspedes que aquella noche habían alojado en ella, viendo a toda la gente ocupada en saber lo que los cuatro buscaban, habían intentado a irse sin pagar lo que debían; mas el ventero, que atendía más a su negocio que a los ajenos, les asió al salir de la puerta, y pidió su paga, y les afeó su mala intención con tales palabras, que les movió a que le respondiesen con los puños; y así, le comenzaron a dar tal mano, que el pobre ventero tuvo necesidad de dar voces y pedir socorro. La ventera y su hija no vieron a otro más desocupado para poder socorrerle que a don Quijote, a quien la hija de la ventera dijo:

-Socorra vuestra merced, señor caballero, por la virtud que Dios le dio, a mi pobre padre; que dos malos hombres le están moliendo como a cibera.

(…)Ya a esta sazón estaban en paz los huéspedes con el ventero, pues por persuasión y buenas razones de don Quijote, más que por amenazas, le habían pagado todo lo que él quiso, y los criados de don Luis aguardaban el fin de la plática del Oidor y la resolución de su amo I, XLIV

Exactamente, se acepta el rol de Don Quijote, se le ruega, y se le acepta sinceramente, por pura necesidad. Aquí el personaje por fin ha trascendido, aquí ya es un caballero, esta en una de las dos victorias que enmarcan la total derrota con las que se cierra esta primera parte. Y el lo soluciona para mas juego, parlamentando. Una vez ha sido aceptado se produce el segundo hecho consecuente de la saga:

Así que ponerme yo agora en cosa de tanta confusión a dar mi parecer, será caer en juicio temerario. En lo que toca a lo que dicen que ésta es bacía, y no yelmo, ya yo tengo respondido; pero en lo de declarar si ésa es albarda o jaez, no me atrevo a dar sentencia difinitiva: sólo lo dejo al buen parecer de vuestras mercedes; quizá por no ser armados caballeros como yo lo soy no tendrán que ver con vuestras mercedes los encantamentos deste lugar, y tendrán los entendimientos libres, y podrán juzgar de las cosas deste castillo como ellas son real y verdaderamente, y no como a mí me parecían.” I,XLV

Don Quijote duda de sus hasta ahora aseveraciones fanáticas, cada éxito de Don Quijote lo acerca un poco mas a la quietud, no olvidemos que una vez que el héroe vence el universo debe quedar como antes estaba y que cada aventura debe tener una meta parcial en la escalada del héroe de aventuras. Así como se obra este cambio en él se obra el consecuente en Sancho:

Ya estaba don Quijote delante, con mucho contento de ver cuán bien se defendía y ofendía su escudero, y túvole desde allí adelante por hombre de pro, y propuso en su corazón de armalle caballero en la primera ocasión que se le ofreciese, por parecerle que sería en él bien empleada la orden de la caballería.”I, XLIV

Finalmente tras ser enjaulado en un ardid y engañado con la justificación del encantador que todo lo cambia para su perjuicio. Y frente a la desconfianza de Sancho como ya hemos comentado anteriormente, es llevado en lenta procesión hasta su hogar donde llega, a la vista de todos, derrotado, sucio, enjaulado y perdido. Pero no sin antes haber obtenido su victoria moral en la conversación con el canónigo, donde este con, todo sea dicho, ambiguas argumentaciones intelectuales pretende desencantarle de las novelas de caballería a Quijote. La respuesta de Quijote, demasiado larga para transcribirla aquí no es intelectual, es una imagen, la imagen de un caballero que se sumerge en lo profundo y descubre un nuevo reino. En palabras de Edward C. Riley:

“…Don Quijote se ha ganado un punto tactico al pasar de la argumentación a la demostración del gran impacto irracional que puede causar una obra del tipo de los libros de caballerías, al igual que puede causarlo un cuento de hadas o un mito

Y así termina la primera parte.

TERCERA SALIDA

Segunda novela de Don Quijote en su totalidad, mucho mas medida y pensada que la primera, es curioso como comienza con la victoria del Quijote. Y es, que aquí se ha dado el primer hecho auténticamente inverosímil, y repitámoslo, irracional de toda la saga: En un mes confeso y remarcado por Cervantes se ha escrito, editado, publicado y leído el primer libro de Don Quijote dentro del universo de Don Quijote, esto supone la mayor victoria del hidalgo, se ha convertido en parte de esa ficción que busca, pero también ha convertido a todos los “sensatos” que le rodeaban en la primera parte; e incluso influye en todos los que aparecen con él en la segunda parte, potencialmente convertibles si no se han dejado influenciar ya. Don Quijote, un don nadie en principio lo logra, logra traer todo aquel mundo ficticio a su realidad porque crea su propio mito y ese mito, aunque cómico por el momento, ya existe. Solo le falta madurar. Y eso es lo que va a hacer el resto de la segunda parte.

Se produce en esta segunda parte un cambio de todos los personajes principales y del propio espacio a raíz de este éxito que se ha obtenido.

Por un lado Quijote, habiendo logrado una victoria, como todo héroe clásico y como todo ser humano que ha dado todo lo que podía de si, esta cada vez mas cuerdo y un poco mas cansado. Mas templado y menos colérico que antaño. Ya no ve castillos en ventas, ve ventas pero quiere seguir creyendo que antes eran castillos. Así el encantador deja de influir en el ambiente para influir en él, el encantador se convierte en esta segunda parte en un recurso que Quijote usa para justificar que la realidad antes debió ser otra cosa, como en el caso de las aldeanas, que tras ser vistas como tal, en total cordura, opta por creer que antes debía ser Dulcinea. El encantador es el ultimo recurso de Don Quijote.

Del mismo modo Sancho ha cambiado, admite en varias ocasiones que su amo esta loco. Pero aun así lo sigue ¿por qué? Porque de manera irracional Quijote representa para el no solo el sueño o la utopía, representa esos valores antiguos de bondad que todos los caballeros deberían tener.

Así el entorno también cambia, a partir de la segunda parte nadie mirara de primeras a Quijote con desprecio, si no con curiosidad y hasta admiración.

Los cambios de rol que se han procesado llegan aun curioso zenit de ardid narrativo en el episodio de las carretas, donde el autor juega a hablarnos de unos personajes mitológicos como son la muerte, el emperador y el ángel. Tal y como los ven Quijote y Sancho, cuando Quijote se acerca a ellos y los pregunta se descubre que son actores de teatro. Quijote y Sancho dejan de verlos como entes mitológicos, pero el narrador no. De tal modo que es el lector el que por una vez ve por lo que deberían ser los ojos de Quijote.

Continuando con el viaje, es importanre reseñar como a partir del momento que la ficción ha entrado en el mundo real gracias a Don Quijote, este comienza a acumular victorias, mas significativas son la del caballero de los espejos, donde se da el definitivo giro de tuerca a la quimera. Ya que actuando como otro caballero, por el juego de engatusar a Quijote y llevarlo de nuevo a casa como ya paso en la primera parte, el estudiante se ve derrotado y continua con su empeño pero a partir de entonces por venganza. Se ha convertido en otro caballero. Ha perdido su consciencia de ser superior al estar tratando con un loco. Entra absolutamente en el mito y en el juego y será definitorio en el final de la saga.

Otra de las grandes victorias es la de los leones, totalmente verosímil, totalmente verídica, totalmente real. Una autentica prueba de caballería superada por un autentico caballero andante. El universo ha conseguido ser manipulado por el héroe, todos están atrapados aunque no lo saben, en su ficción, ahora tan grande que todo lo modifica. Uno se intenta reír de él dentro de la novela, como los duques, inconscientes de que realmente solo están dando toda la satisfacción posible:

Y todos, o los más, derramaban pomos de aguas olorosas sobre don Quijote y sobre los Duques, de todo lo cual se admiraba don Quijote; y aquél fue el primer día que de todo en todo conoció y creyó ser caballero andante verdadero, y no fantástico, viéndose tratar del mesmo modo que él había leído se trataban los tales caballeros en los pasados siglos” II, XXXI

Sus risas y mofas son vacuas, solo son una parte mas del universo maniqueo que el héroe ignora. Otros, como Avellaneda, intentan reírse de Don Quijote de manera extra literaria, Quijote también fagocita esa realidad y la destruye en el trascurso de su caminar.

Así, la prueba del éxito de Don Quijote es por una parte, Sancho, quien, como se suele decir se ha: “Quijotizado”, fonéticamente similar a “Hipnotizado”. Es consciente de que persigue a un loco y que no puede dejar de hacerlo, la atracción hacia el sueño, hacia ese mundo utópico y antiguo que compensa a los buenos y a los justos es demasiado grande.

La segunda gran prueba de la absoluta victoria de don Quijote es precisamente su derrota a manos del caballero de los espejos. Derrota absolutamente simbólica: en la primera gran urbe de la saga, Barcelona, esto es, en el fin del espacio ignoto; junto al mar, que es el morir; y sobretodo por un caballero que ha sido creado por la única razón que la venganza hacia don Quijote. Un caballero con rol de caballero, no de estudiante que realiza una engañifa, si no de duelo justo por razones justas. Así, podemos afirmar que el quijote es derrotado por su propia creación, y que muere de éxito.

Lógico es como epilogo que Quijote pierda totalmente su locura tras este acto, toda su fuerza se ha expandido de tal modo por su universo que ya es hora de que todo vuelva a la normalidad. No para Sancho, verdadero creyente de la ficción, de la ilusión que no se conforma, a esas alturas con volver a casa y retomar una vida mas simple, mas llana, y mas vacía.

La UTOPIA

No me gustaría acabar sin dos excepcionales extractos que resumen el ya reflexionado concepto de la utopía y su consecución como finalidad de la locura de Quijote. Extractos reveladores y de cosas muy buenas y dignas de saberse acerca de los discursos que nuestro gran hidalgo manifestó en sus andanzas:

Yo, señor Barbero, no soy Neptuno, el dios de las aguas, ni procuro que nadie me tenga por discreto no lo siendo; sólo me fatigo por dar a entender al mundo en el error en que está en no renovar en sí el felicísimo tiempo donde campeaba la orden de la andante caballería. Pero no es merecedora la depravada edad nuestra de gozar tanto bien como el que gozaron las edades donde los andantes caballeros tomaron a su cargo y echaron sobre sus espaldas la defensa de los reinos, el amparo de las doncellas, el socorro de los huérfanos y pupilos, el castigo de los soberbios y el premio de los humildes. Los más de los caballeros que agora se usan, antes les crujen los damascos, los brocados y otras ricas telas de que se visten, que la malla con que se arman; ya no hay caballero que duerma en los campos, sujeto al rigor del cielo, armado de todas armas desde los pies a la cabeza; y ya no hay quien, sin sacar los pies de los estribos, arrimado a su lanza, sólo procure descabezar, como dicen, el sueño, como lo hacían los caballeros andantes. Ya no hay ninguno que saliendo deste bosque entre en aquella montaña, y de allí pise una estéril y desierta playa del mar, las más veces proceloso y alterado, y hallando en ella y en su orilla un pequeño batel sin remos, vela, mástil ni jarcia alguna, con intrépido corazón se arroje en él, entregándose a las implacables olas del mar profundo, que ya le suben al cielo, y ya le bajan al abismo; y él, puesto el pecho a la incontrastable borrasca, cuando menos se cata, se halla tres mil y más leguas distante del lugar donde se embarcó, y saltando en tierra remota y no conocida, le suceden cosas dignas de estar escritas, no en pergaminos, sino en bronces. Mas agora, ya triunfa la pereza de la diligencia, la ociosidad del trabajo, el vicio de la virtud, la arrogancia de la valentía, y la teórica de la práctica de las armas, que sólo vivieron y resplandecieron en las edades del oro y en los andantes caballeros”II,I

Hemos de matar en los gigantes a la soberbia; a la envidia, en la generosidad y buen pecho; a la ira, en el reposado continente y quietud del ánimo; a la gula y al sueño, en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos; a la lujuria y lascivia, en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros pensamientos; a la pereza, con andar por todas las partes del mundo, buscando las ocasiones que nos puedan hacer y hagan, sobre cristianos, famosos caballeros.” I,VIII

Bibliografía

http://es.wikipedia.org/wiki/Novela_de_aventuras

http://www.espaciolibros.grupo-sm.com/archives/415

http://www.espaciolibros.grupo-sm.com/archives/416

http://es.wikipedia.org/wiki/Libros_de_caballerías

Jose Mª Bardavio La novela de aventuras (Colección Temas nº12, 1977)

PARA SABER MAS:

http://cvc.cervantes.es/obref/quijote/introduccion/estudio/default.htm

http://cvc.cervantes.es/obref/quijote/introduccion/prologo/default.htm

http://cvc.cervantes.es/obref/quijote/introduccion/resumen/default.htm