La citita literaria (XI) – Mercaderes del espacio: Frederick Pohl y C. M. Kornbluth, 1953

david_pelham_the_space_merchants1974Penguined.

“Los conservacionistas eran victimas propiciatorias, esos fanáticos de mirada fiera que pretendían que la civilización moderna estaba en cierta medida expoliando nuestro planeta. Eran una gente absurda. La ciencia siempre va un paso por delante de la falta de recursos naturales. Después de todo, cuando la carne autentica comenzó a escasear nosotros ya teníamos las sojaburguesas preparadas. Cuando comenzó a faltar el petróleo, la técnica descubrió el Cadillac a pedales.

Yo había considerado una vez las ideas de los conservacionistas y todos los argumentos se reducían a una sola cosa: la forma correcta de vivir es la de la Naturaleza. Eso es una tontería. Si la naturaleza pretendiera que comiéramos vegetales frescos, no nos habría dado la niacina o el ácido ascórbico.”

La citita literaria (X) – Fahrenheit 451: Ray Bradbury, 1953

“-Ahora, consideremos las minorías en nuestra civilización. Cuanto mayor es la población, más minorías hay. No hay que meterse con los aficionados a los perros, a los gatos, con los médicos, abogados, comerciantes, cocineros, mormones, bautistas, unitarios, chinos de segunda generación, suecos, italianos, alemanes, tejanos, irlandeses, gente de Oregón o de México. En este libro, en esta obra, en este serial de televisión la gente no quiere representar a ningún pintor, cartógrafo o mecánico que exista en la realidad. Cuanto mayor es el mercado, Montag, menos hay que hacer frente a la controversia, recuerda esto. Todas las minorías menores con sus ombligos que hay que mantener limpios. Los autores, llenos de malignos pensamientos, aporrean máquinas de escribir. Eso hicieron. Las revistas se convirtieron en una masa insulsa y amorfa. Los libros, según dijeron los críticos esnobs, eran como agua sucia. No es extraño que los libros dejaran de  venderse, decían los críticos. Pero el público, que sabía lo que quería, permitió la supervivencia de los libros de historietas. Y de las revistas eróticas tridimensionales, claro está. Ahí tienes, Montag. No era una imposición del Gobierno. No hubo ningún dictado, ni declaración, ni censura, no. La tecnología, la explotación de las masas y la presión de las minorías produjo el fenómeno, a Dios gracias. En la actualidad, gracias a todo ello, uno puede ser feliz continuamente, se le permite leer historietas ilustradas o periódicos profesionales.

(…) Has de comprender que nuestra civilización es tan vasta que no podemos permitir que nuestras minorías se alteren o exciten. Pregúntate a ti mismo: ¿Qué queremos en esta nación, por encima de todo? La gente quiere ser feliz, ¿no es así? ¿No lo has estado oyendo toda tu vida? «Quiero ser feliz», dice la gente. Bueno, ¿no lo son? ¿No les mantenemos en acción, no les proporcionamos diversiones? Eso es para lo único que vivimos, ¿no? ¿Para el placer y las emociones? Y tendrás que admitir que nuestra civilización se lo facilita en abundancia.

-Sí.

-A la gente de color no le gusta El pequeño Sambo. A quemarlo. La gente blanca se siente incómoda con La cabaña del tío Tom. A quemarlo. Escribe un libro sobre el tabaco y el cáncer de pulmón ¿Los fabricantes de cigarrillos se lamentan? A quemar el libro. Serenidad, Montag. Líbrate de tus tensiones internas. Mejor aún, lánzalas al incinerador, ¿Los funerales son tristes y paganos? Eliminémoslos también, Cinco minutos después de la muerte de una persona en camino hacia la Gran Chimenea, los incineradores son abastecidos por helicópteros en todo el país. Diez minutos después de la muerte, un hombre es una nube de polvo negro. No sutilicemos con recuerdos acerca de los individuos. Olvidémoslos. Quemémoslo todo, absolutamente todo. El fuego es brillante y limpio.”

A Scanner Darkly

Partiendo de la base de que Philip K. Dick es uno de los pilares para entender los modos de pensamiento y obsesiones que definen el siglo XX, Una mirada a la oscuridad resulta una obra de madurez que descubre también a un gran narrador. Y es que muchas de las cualidades como escritor que asomaban en las obras de su primera etapa confluyen aquí para relatar una historia con los típicos leitmotivs dickianos -drogas, paranoia, conspiración…-  pero mucho más estilizada, más directa y más cruda de lo habitual. Salpicada de ideas geniales y desestructurando en ocasiones el canon narrativo, la novela funciona como una serie de fragmentos, de retazos de un todo. Fragmentos que llevan a otros fragmentos, que dejan cabos sueltos, que desvarían, que se solapan. Un todo que es “El Todo” del autor, el sentido que debería unir todos esos fragmentos, el sentido que debería tener su vida, y la nuestra. Aún siendo una obra abiertamente autobiográfica, con un gran lirismo y melancolía -acrecentada por el epílogo que la cierra-, resulta curioso que sea también una de las que contiene mayor dosis de humor absurdo por página de toda su bibliografía. Y es que la habilidad de Dick por distorsionar la realidad siempre ha sido legendaria

Publicado originalmente en microcritic.wordpress.com el 01/02/2010

La citita literaria (V) – Philip K. Dick: Una mirada a la oscuridad, 1977

“—No hay nadie en casa, supongo —dijo en voz alta, siguiendo su costumbre, y supo que los escáners lo habían captado. Pero tenía que andar siempre con cuidado; en teoría él no sabía que estaban allí. Como un actor delante de la cámara, decidió, actúas como si la cámara no existiera o la cagas. Todo termina.
Y en esa mierda no tienes posibilidad de hacer segundas tomas.
En cambio, tienes la posibilidad de hacer la destrucción. Quiero decir, lo que yo tengo. No la gente que hay detrás de los escáners, sino yo.
Lo que debería hacer, pensó, para acabar con todo esto, es vender la casa; huir. Pero… le tengo cariño a esta casa. ¡No hay salida!
Es mi casa.
Nadie puede echarme.
Cualquiera que sea la razón por la que querrían o quieren hacerlo.
Suponiendo que haya alguien dispuesto a buscar motivos.
Tal vez solo sean imaginaciones mías, los «ellos» que me vigilan. Paranoia. O mas bien el «ello». Algo carente de personalidad.
Sea lo que sea lo que me vigila. No es algo humano.
Al menos según mis estándares. No es algo que yo llamaría humano.
Por estúpido que sea todo esto, pensó, es aterrador. Un ser muy simple me está haciendo algo, aquí, en mi propia casa, delante de mis ojos.
Ante los ojos de algo, a la vista de alguna cosa. Que, a diferencia de la pequeña Donna de ojos oscuros, nunca parpadea. ¿Qué es lo que ve un escáner?, se preguntó. Quiero decir, ¿ve de verdad? ¿Con la cabeza? ¿Con el corazón? ¿Ve un pasivo escáner de infrarrojos como los que usaban antes, o un holoescáner de tipo cubo como lo que usan ahora, lo que hay dentro de mí -dentro de nosotros-? Y si es así, ¿qué es lo que ve esa mirada? ¿Claridad u oscuridad? Espero que sí, pensó, que vea claramente, porque en estos días ni yo soy capaz de ver dentro de mi. Sólo veo tinieblas. Tinieblas fuera; tinieblas dentro. Espero, por el bien de todos, que los escáneres lo hagan mejor. Porque, pensó, si el escáner sólo ve oscuridad, como yo, estamos condenados, condenados otra vez, como siempre, y terminaremos igual, sabiendo muy poco y entendiendo mal lo poco que sabemos.”

Transformers 3, el manifiesto futurista hecho cine.

Trataba de contarnos Christopher Nolan en Origen -Inception- como transmitir una idea haciendo creer al receptor que era propia, pillar en bragas a alguien y contagiarle una idea mientras dormía. Desgraciadamente lo intentaba con un vehículo repleto de sobrexposiciones y explicaciones, no solo mal dirigido si no absolutamente incapaz de jugar con su propia propuesta al estar dando lecciones y sermones todo el metraje; anulando cualquier capacidad para pensar o imaginar del espectador, como ya había hecho en sus Batmans. Y sin embargo, un pequeño Inception si que consiguió, consiguió gracias al denominado “efecto Paulo Coelho” que mucha gente se sintiese tremendamente lista con la papillita y afirmarán que era una película muy intelectual.

Al contrario, Michael Bay siempre será vilipendiado por realizar el verdadero cine vacío que el espectador medio merece y rechaza por su “horror vacui intelectual” – que transportado a otros géneros y medios sería como ver porno o el fútbol- y que la critica repudia. No es la primera vez que hablo de ésto, así que no lo repetiré. Michael Bay es mas honesto que Nolan, y, como siempre, de la honestidad sale un subtexto muchísimo más rico que del artificio barato, precisamente aunque esa honestidad trate de mostrarnos artificios baratos. Transformers 3 es una gran película cansada, que repite de manera hipertrófica los esquemas de sus predecesoras, es precisamente en ese cansancio existencial, inevitable tanto dentro como fuera de la pantalla, donde la película descubre elementos que antes habían pasado desapercibidos. Y es que toda la trilogía funciona como una negación de la madurez maravillosa, pero es en esta  tercera parte donde, por las circunstancias del protagonista, la cuenta atrás a la vejez se hace mas acuciante.

No es muy difícil darse cuenta de que toda la saga se estructura alrededor del devenir vital del chaval LaBeouf. El el primer Transformers el protagonista terminaba su etapa escolar y su mayor problema era tener un coche -vendiendo las pertenencias de su ancestro por eBay- y ligarse a una muchacha golosa que tenía un novio capullo, en la segunda parte los años locos de la “carísima” universidad -como repite el padre de Witwicky- traían consigo toda la ampliación del campo de batalla: el campus universitario, el siempre a tope, el darwinismo social, la primera crisis con la novia adolescente y el clasismo de los pudientes. Y como en toda buena narración fantástica, cuando las limitaciones del protagonista se ponen en evidencia, aparece el elemento  fantástico para echar una mano -de doble filo aquí, como se remarcará luego, si tenemos en cuenta que el elemento fantástico de esta saga son JUGUETES-, así, convierten la vida de un ser pusilánime de clase media en un héroe que se queda con la chica y no tiene que preocuparse por la realidad. Juega. A esta lectura se añade que las películas de Transformers son en si mismas grandes estructuras vacías para niños grandes, ficción pura y evasiva.

“(…) Si entendemos por realismo, en línea con Nietzsche, la reflexión sobre la superficie de las cosas por cuanto en ella, y no en los espejismos ideales o especulativos, late la esencia de la vida, Bay es uno de los directores más realistas de las últimas dos décadas.

Las imágenes que ha gestado —menos deudoras del cine que de la publicidad, los vídeos musicales y una iconografía estética/ideológica de la existencia y el ser norteamericano que ha pasado a Norman Rockwell por el tamiz de Thom Mayne, Donald Trump y Annie Leibovitz—, constituyen una representación modélica de la cultura del exceso: hacen mutar el séptimo arte en su simulacro mercantil, en una oda hipertrófica a su consumo inmoderado, eufórico, por parte del espectador. Cuando Guy Debord sentenciaba en La sociedad del espectáculo que «la imagen se ha convertido en la forma definitiva de transustanciación de los objetos», estaba refiriéndose lo tuviese o no en mente a Dos policías rebeldes, La roca, Armageddon, Pearl Harbor, Dos policías rebeldes II y La isla.

Diego Salgado, A proposito de transformers 3, Miradas de cine  111

La primera y especialmente la segunda parte -que se benefició, si, si, se benefició de la huelga de guionistas para ofrecer un espectáculo tan sumamente vacio- ocultan bajo esas estructuras de pulsiones y fetichismo audiovisual no solo la obsesión Ballardiana por la maquina, o la banalización pop del anuncio de Coca Cola como reflejo del alma del individuo contemporáneo, si no el análisis de la actual fijación por la nostalgia. La vuelta a los elementos de la niñez como huida de la realidad están a la orden del día, acabar un botellón en casa del Julián cantando la canción de la Abeja Maya es una mierda generacional que pasa -motivo de que exista esta saga cinematográfica, no lo olvidemos-, y esconde una serie de constantes psicológicas que aterran.

Pues bien, es en Transformers 3, donde Sam Witwicky ya dejó atrás el cole y el desfase universitario -donde tiene que volverse “hombre” que dirían- cuando el regreso de los Transformers comienza a volverse patético. Al principio de Transformers 3 Witwicky vive sin trabajo, sin dinero, mantenido por una novia nueva -mujer práctica e independizada-, ya que la antigua -amor adolescente, sueño humedo de clase baja- lo dejó -otra casualidad en beneficio de la película- y con celos hacía el jefe rico, guapo y maduro de su nueva novia. Sus padres le han dado de lado para hacer su vida de jubilados, la única posibilidad de conseguir un trabajo es por enchufe indigno y sus antiguos amigos robots ya nunca le hacen una visita. Recuerda que salvó el mundo dos veces y suspira porque nadie le cree.  Está solo en un mundo de adultos yse desenvuelve mal. Esa primera hora donde Bay reescribe la historia de los Estados Unidos a su antojo mientras te muestra las cómicas tragedias de un protagonista simplón e infantil que escucha U2 porque no da para más en un mundo que se esboza en crisis, rezuma de un desencanto y una perdida de ilusión inusual en el cine de Bay, caricaturizando una sociedad extraña, patológica y un poquito jodida.

Así, el regreso al mundo Autobot de Witwicky es casi desesperado, grita, corre, llora, necesita jugar una última vez, necesita que sus juguetes le saquen del hoyo en que se ha metido -casi funcionando a la manera invertida de esa obra maestra que es Toy Story 3-. Y en el momento en que entra, todo cambia, ya no hace falta trabajo, ni dinero, ni amor -salvo como chica/objeto que salvar, la estructura heróica clásica devuelve el status de macho al mantenido dejando al personaje femenino en tacones toda la película, lo que provoca un contraste absoluto y absurdo, de la la desenvoltura con que ella se mueve por el mundo “real” al ridiculo de las escenas de acción-, hasta el odioso jefe de su novia es -obviamente- un colaboracionista Decepticon. Que fácil es todo, como soluciono los problemas sociales de la lucha de clases a garrotazos con mobiliario urbano, que maravilloso, que me den otra medalla. Y eso se ve reflejado en la actitud de los Autobots, son más radicales que nunca, permiten que los Decepticon destruyan una ciudad solo para demostrar que tenían razón, están furiosos y se cargan enemigos incluso aunque estos les hayan ayudado. Quieren permanecer en la Tierra como sea porque de algún modo metalingüistico, necesitan treintañeros que les invoquen cuando su vida es un asco.

En definitiva, Michael Bay será burdo, será tosco y será zafio, pero sigue mezclando estructuras de género, haciendo malabares, meándose -con un Escher de puta madre- en Inception e insuflando vida, detalle y defectos -según muchos -a un tipo de película que de tan plana, refleja.

Transformers 3, en definitiva, el manifiesto futurista hecho cine.

¡Language is a virus! sobre el final original de Watchmen, las ideas retorcidas, el determinismo cultural y la manipulación de la realidad.

PROLOGO

Determinadas circunstancias espacio-temporales, sociales y económicas hacen, en ocasiones, que una idea absolutamente retorcida y en otra tesitura chorra de cojones, se propague por diferentes lugares y mentes con total facilidad en la ocasión adecuada. De algún modo, es como si inevitablemente, fuese el momento de esa idea. Como si la única manera lógica de que la humanidad avance (o se quite una espina, depende del punto de vista) sea desarrollando ese concepto.

Así, por ponerles un ejemplo literario, al mismo tiempo que André Breton creaba el manifiesto surrealista en 1924 en París, Pablo Neruda comenzaba los primeros poemas de Residencia en la Tierra, obra claramente surrealista, que se fermentaría ajena a Breton, mientras Neruda llevaba su carrera de diplomático a Birmania o Sri Lanka. Sin contar, mas tangencialmente, a Lórca y su Poeta en Nueva York (1930) o a Vicente Huidobro peleando con Pierre Reverdy por la paternidad del creacionismo. Las fechas bailan, la procedencia de los artistas es dispar, la comunicación o la influencia entre todos ellos es complicada de cojones. Conclusión: varios creadores explotando independientemente las mismas direcciones artísticas de vanguardia.

A veces, como en el caso de los experimentalismos, la idea se convierte en algo tan evidente e inevitable, que el autor parece quedar como una marioneta del destino. Alguien tenía que cumplir la función de William Burroughs porque en algún momento, dadas las circunstancias culturales, la literatura debía llegar al punto al que él la llevaría. Burroughs se convierte en un mal necesario (curioso el caso de Burroughs, casi consciente de su determinismo artistico) y deja paso a una inevitabilidad literaria que prima por encima de los gustos, incluso por encima del autor. Esa dirección literaria, por su misma naturaleza extremista se autodestruye, se agota de puro éxito y envejece mal (idolatrada o repudiada, pero nunca en su justo valor) a los ojos de las nuevas generaciones. Y si no, miren el comunismo.

La idea debe nacer pese a quien pese, quien sabe porque… aunque… sigamos.

“La palabra es ahora un virus” William Burroughs, El ticket que explotó, 1962

MEOLLO

Pero yo no he venido aquí a hablarles de literatura, que cosa mas aburrida. Yo quiero hablarles sobre la guerra fría, sobre cómo dos tremendos bloques mundiales amenazaban con destruir la Tierra buena parte del siglo XX. Circunstancia que no es baladí para la gente que habitaba aquellas épocas. También quiero hablarles de la eclosión  paralela de la ciencia ficción en los años 40, 50 y 60, de la época de los viajes espaciales y del interés popular sobre el futuro. La guerra fría amenazaba con matar o todo dios, pero al mismo tiempo, cada día producía un trocito del mañana, un avance científico y tecnológico que aseguraba que no habría nada mejor que el futuro.

Esta curiosa circunstancia tan contradictoria afectó indiscutiblemente a los escritores de ciencia ficción, que tenían que sobrevivir reflejando en sus relatos la conciencia popular de un mañana lejano que se prometía esplendoroso si nadie apretaba el botón del cercano mañana nuclear. El miedo y la esperanza estaban las dos de la mano en el mismo cajón.

Así que el escritor de ciencia ficción tiene, entre sus muchas ideas, una disparatada de cojones, pero que en el momento es lo mas lógico del mundo, una de-esas-ideas (recuerden esto) que aparecerá en varios puntos sin conocimiento mutuo y con distancia espacial y temporal entre ella : Una amenaza mayor que haga que los dos contendientes se den un abrazo. ¿Y cual es la amenaza mayor? Una amenaza mayor del mañana lejano que solucione el mañana inminente.

Pero claro, esa amenaza mayor puede ser real, si es real, estamos jodidos y no hemos solucionado nada, tiene que haber un tipo listo que la crée y consiga que el mundo viva feliz en la mentira, desfogando sus ansias agresivas en una quimera (curioso que se admita que es inevitable la violencia, ahora se trata de focalizarla con falsedades, cuan lejos queda el positivismo). ¿Y cual es una de las constantes eternas del mañana lejano de la ciencia ficción para sacarse del bolsillo la amenaza? En efecto, había nacido el falso alienigena que une a la raza humana. Así, se creaba un subgénero jarto, jarto y difícil de explicar sin tanto envoltorio cultural, que consta de los siguientes elementos comunes: guerra fría, ente inteligente con plan maestro, amenaza alienigena inventada, paz mundial

Si señores, el final de Watchmen con su pulpillo a la gallega (no olvidemos que Watchmen sale en los últimos coletazos de la guerra fría), tan raro él cuando leías el tebeo hace años (pero tan de villano de opereta pese a lo que se diga en comic, no lo nieguen, le da ese toque pocho tan maravilloso a tanta maduración), tan raro que en la película basada en una novela gráfica fue cambiado porque ahora carecía de sentido para el subconsciente del espectador medio; ese final no es más que la continuación/homenaje y sublimación de una larga tradición de la ciencia ficción. Una idea retorcida que refleja, quizá mejor que muchas, la cultura pop en la que ha estado imbuido el siglo XX. ¿Pero donde se vuelve todo extraño? Cuando te dicen que el homenaje es inconsciente.

Muchos ya saben que el final de Watchmen tiene similitudes con The Architects of Fear, un episodio de Outer limits de 1963. Según Moore, cuando estaba escribiendo el número 10, se encontró con una guía de programas de televisión de culto que destacaba dicho episodio y se sorprendió al comprobar las semejanzas con el final que ya había planeado. En el numero 12 decidió finalmente incluir una alusión a dicho episodio para hacer el guiño. Pero evidentemente, como les vengo diciendo, no debería sorprenderles este hecho, solo era la inevitabilidad de la idea. Y como les muestro a continuación, no es la única historia con este recurso. Hurgando, podemos encontrar bastantes ejemplos donde aparece esta idea tan barroca:

  • Theodore Sturgeon en el relato Unir y conquistar (publicado en Astounding science fiction, 1948) parece ser el primigenio del tema, aunque no tengo la certeza absoluta..

  • Luna de miel en el Infierno de Fredric Brown, (1950), otro relato con todos los elementos comunes: aunque en este caso cambia el científico por un ordenador como ente inteligente

  • En 1951, en el numero 5 de la revista Weird Science, la historia The Last War on Earth da un giro sobre el tema, un científico hace el truco de la falsa amenaza y entonces la autentica invasión llega y se lía (algo similar se ve en un capítulo de Los Simpsons, el de la mano de mono)

  • Kurt Vonnegut en las Sirenas de Titan se apunta al carro en 1959

  • Ursula K. Le guin reitera con un aire mas Dickiano en La rueda del cielo (1971)

Y así sucesivamente, habrá mas ejemplos claro, pero volviendo al meollo ¿Por qué creo que esta idea tan maravillosa como extravagante se gestó de manera necesaria y ha ido apareciendo en sus momentos lógicos  en el inconsciente de los autores como reflejo de una época y sus devenires y probablemente como maniobra del destino?  ¿Por qué creo todo esto, y planteo que quizás  muchas veces hay una unidad artística que manipula la realidad o que quizás es que realmente las ideas se reproducen como virus y acaban donde menos se lo espera uno? Por esto:

El 21 de Septiembre de 1987 el Presidente Ronald Reagan manifestó en una Asamblea general de las Naciones Unidas:

¿No podemos nosotros y todas las naciones vivir en paz? En nuestra obsesión con los antagonismos del momento, a menudo olvidamos cuanto une a todos los miembros de la humanidad. Quizás necesitamos algo de fuera, una amenaza universal que nos haga reconocer esta obligación común. De vez en cuando pienso como nuestras diferencias mundiales desaparecerían rápidamente si nos enfrentáramos una amenaza alienígena, de fuera este mundo. Y sin embargo, les pregunto, ¿no hay una fuerza alienigena ya entre nosotros? ¿Qué podría ser más alienigena a las aspiraciones universales de nuestros pueblos, que la guerra y la amenaza de guerra?

Pueden leer su discurso entero (en ingles) aquí. Pueden verlo youtubizado en ingles con subtitulos en frances aqui, incluso pueden indagar aun mas en  la relación de Reagan con los alienigenas aqui, con el maestro Absence..

          La charla, no solo coincidió exactamente con la reciente publicación del final de Watchmen ( Que a su vez coincidia con Outer limits, que a su vez enraizaba con un concepto inseparable de la guerra fría… ¿Habría leido Reagan…? improbable… pero entonces…), no solo sirvió como cerrojazo de oro al subgénero del falso alienigena externo que une a la raza humana y no solo significó el broche de reconocimiento a los estertores finales de una época de agresión disimulada… si no que sus últimas frases abren la puerta a otro subgénero aun por explotar (un subgénero ¿post-guerra fría?), asi como el propio Watchmen se lo hacía al genero superheroico:

¿Proviene la guerra humana de una influencia alienigena? ó El verdadero alienigena interno que desmembra a la raza humana.

Pulicado originalmente en galletas.blogia.com el 09/08/2009

Michael Bay: ¡Autor! ¡Pulsión! ¡More than meets the eye!

Michael Bay tiene cosas muy buenas y otras muy malas, pero hay algo que debería estar por encima de toda discusión, y es que domina a la perfección su medio. Sus formas cinematográficas están estilizadas hasta tal punto que los mecanismos de los múltiples géneros que trata se reinventan y se fusionan, pasando de un código genérico a otro de una manera característica, sin que a nadie le parezca que deja de ser una película de Michael Bay. Esto es lo que se denominan rasgos autorales, así que si, Michael Bay es un autor.

Un autor que sabe hacer lo mas difícil. No, no es unir una trama de robots gigantes con una de desmadre universitario a través de la típica tía cerda universitaria que resulta ser un Decepticon Gigeriano. Es curioso como nadie sospecha de ella porque las películas universitarias nos han enseñado que siempre existen tías así pese a lo antinatural que resultan en el mundo real. Eso es conocer y saber jugar con los códigos narrativos, ademas de banalizar muchas otras cosas. Y esto de banalizar si que es lo difícil: Y es que Bay es único para descargar de información cualquier contexto, es El autor denotativo:

“(…) Abstracción, minimalismo maximalista, reducción al absurdo, síntesis proteica de los contenidos para impulsar el continente, o lo que es lo mismo, nada que contar para tanto que enseñar. Es decir, puro formalismo high-tech que sentencia a Gavin Hood, Stephen Sommers o McG como herramientas que no quieren serlo de un sistema que las engulle. Bay, como Tony Scott o J. J. Abrams, avanza hacia la independencia artística a través de la conquista de las formas del mercado. (…)”

Roberto Alcover Oti en Miradas de cine

Bay ha sabido crear el género trash del siglo XXI (parece mentira que en lo musical el derribo sea adorado y en el cine vilipendiado), el blockbuster definitivo. Y el blockbuster definitivo es el blockbuster vacío. Volcado en las formas y presentando un producto desnudo y cristalino que olvida la materia argumental y se centran en el gag visual y en la set piece sobresaturada de una cantidad de información por minuto acojonante. Creando, en definitiva, un cine excesivo que se basa en el clímax continuado, en la pura emoción. Como ir a la montaña rusa, o hacerse una paja.

Con esto de la masturbación no trato de engrandecer su cine desde un punto de vista personal, solo remarco la profunda cualidad de pulsión de Bay, similar en intenciones al ámbito pornográfico. En esta sociedad en la que el orgasmo ha dejado de tener un sentido funcional en su totalidad y masturbarnos es una alternativa tan común como vacía de sentido, y por lo tanto, irracional, el cine ha desarrollado una tremenda industria de porno que mueve millones con unos códigos muy característicos que todos conocemos (determinados planos, determinadas personificaciones, determinados entornos, determinada jerarquia de importancia narrativa y argumental.). El cine de Bay, en esta tesitura (aunque en un espectro mas amplio que cubre otras pulsiones menos explicitamente sexuales pero igual de adrenalínicas) no me parece tan ilógico o estúpido como algunos lo ven. Puede que Transformers 2: Lio en el Cairo tenga mas relacion conceptual con Ballard y su Crash de lo que creemos.

“Vaughan murio ayer en un ultimo choque. Mientras fuimos amigos habia ensayado su propia muerte en numerosos choques, pero este fue el único accidente verdadero…

Publicado originalmente en galletas.blogia.com el 04/08/2009