Crash

Crash es una novela polémica sobre follar y darse de hostias, ambas cosas en un coche. También es una novela escrita con un léxico muy limitado, que la entorpece en ocasiones, debido al empeño de Ballard en diseccionar científicamente a la adormecida clase media post-industrial. Y, por supuesto, es una novela que habla sobre la huida hacia adelante, sobre la necesidad del individuo del siglo XX, incapaz de sobrevivir al vulgar día a día, de escapar de sí mismo y de su mundo. Y quizá la manera de repudiar esas enormes masas de hormigón, repletas de tránsito, que deforman y colectivizan, sea practicando sexo autista y violencia desatada dentro de nuestros vehículos, instrumentos dinámicos de rutina, templos individualistas, proyecciones de nuestra tecnología, nuestra inteligencia, de nosotros. Golpearnos con ellos es autodestruir los logros de esta civilización, crear una ruptura con nuestro yo social, es cambiar nuestra vida. Mancharlos de fluidos corporales es despojarlos de raciocinio, reivindicar lo emocional. En Crash, los polvazos son un refugio fugaz, las heridas son pruebas de una búsqueda intensa y las cicatrices reafirman el individualismo de aquel que conoce la única salida, planear la propia muerte.

Publicado originalmente en microcritic.wordpress.com el 24/08/2009

Michael Bay: ¡Autor! ¡Pulsión! ¡More than meets the eye!

Michael Bay tiene cosas muy buenas y otras muy malas, pero hay algo que debería estar por encima de toda discusión, y es que domina a la perfección su medio. Sus formas cinematográficas están estilizadas hasta tal punto que los mecanismos de los múltiples géneros que trata se reinventan y se fusionan, pasando de un código genérico a otro de una manera característica, sin que a nadie le parezca que deja de ser una película de Michael Bay. Esto es lo que se denominan rasgos autorales, así que si, Michael Bay es un autor.

Un autor que sabe hacer lo mas difícil. No, no es unir una trama de robots gigantes con una de desmadre universitario a través de la típica tía cerda universitaria que resulta ser un Decepticon Gigeriano. Es curioso como nadie sospecha de ella porque las películas universitarias nos han enseñado que siempre existen tías así pese a lo antinatural que resultan en el mundo real. Eso es conocer y saber jugar con los códigos narrativos, ademas de banalizar muchas otras cosas. Y esto de banalizar si que es lo difícil: Y es que Bay es único para descargar de información cualquier contexto, es El autor denotativo:

“(…) Abstracción, minimalismo maximalista, reducción al absurdo, síntesis proteica de los contenidos para impulsar el continente, o lo que es lo mismo, nada que contar para tanto que enseñar. Es decir, puro formalismo high-tech que sentencia a Gavin Hood, Stephen Sommers o McG como herramientas que no quieren serlo de un sistema que las engulle. Bay, como Tony Scott o J. J. Abrams, avanza hacia la independencia artística a través de la conquista de las formas del mercado. (…)”

Roberto Alcover Oti en Miradas de cine

Bay ha sabido crear el género trash del siglo XXI (parece mentira que en lo musical el derribo sea adorado y en el cine vilipendiado), el blockbuster definitivo. Y el blockbuster definitivo es el blockbuster vacío. Volcado en las formas y presentando un producto desnudo y cristalino que olvida la materia argumental y se centran en el gag visual y en la set piece sobresaturada de una cantidad de información por minuto acojonante. Creando, en definitiva, un cine excesivo que se basa en el clímax continuado, en la pura emoción. Como ir a la montaña rusa, o hacerse una paja.

Con esto de la masturbación no trato de engrandecer su cine desde un punto de vista personal, solo remarco la profunda cualidad de pulsión de Bay, similar en intenciones al ámbito pornográfico. En esta sociedad en la que el orgasmo ha dejado de tener un sentido funcional en su totalidad y masturbarnos es una alternativa tan común como vacía de sentido, y por lo tanto, irracional, el cine ha desarrollado una tremenda industria de porno que mueve millones con unos códigos muy característicos que todos conocemos (determinados planos, determinadas personificaciones, determinados entornos, determinada jerarquia de importancia narrativa y argumental.). El cine de Bay, en esta tesitura (aunque en un espectro mas amplio que cubre otras pulsiones menos explicitamente sexuales pero igual de adrenalínicas) no me parece tan ilógico o estúpido como algunos lo ven. Puede que Transformers 2: Lio en el Cairo tenga mas relacion conceptual con Ballard y su Crash de lo que creemos.

“Vaughan murio ayer en un ultimo choque. Mientras fuimos amigos habia ensayado su propia muerte en numerosos choques, pero este fue el único accidente verdadero…

Publicado originalmente en galletas.blogia.com el 04/08/2009

Visita guiada a la ciudad. Homenaje a J. G. Ballard

En los paneles lustrosos de los guardabarros  traseros, se quedó mirando la imagen distorsionada de sí mismo. La figura alta se estiraba como un espantapájaros grotesco, y la cara pálida se desangraba sobre los contornos ondulados de la carroceria

La isla de cemento, 1974.

Un video de un minuto mal encuadrado sin editar. Calles abandonadas y transitos de hormigón. Puede que no sea la mejor manera de reivindicar a Ballard. Pero asi surgió esa noche.