The X Files: I Want to Believe

Chris Carter constata que pese a ser el jefe, no era el más listo. Y es que éste epílogo de uno de los iconos culturales de la década de los noventa hace aguas por todas partes. En primer lugar y más obvio, en su manufactura, presentando un thriller plagado de tópicos y lugares comunes, hecho como a desgana, con agujeros de guión y conversaciones estúpidas. Elementos variados que convergen para producir un profundo tedio en el espectador que puede llegar a darse cuenta de que todo sucede con total arbitrariedad mientras los personajes se empeñan en decir que todo tiene sentido. En segundo lugar, más doloroso, en su actitud al recrear un producto de hace casi dos décadas obviando que ha pasado ese tiempo, con una concepción del fantástico trasnochada e impropia, donde los famosos protagonistas, de aspecto crepuscular, se comportan sin embargo como si no hubiesen aprendido nada en los últimos veinte años. En definitiva, una película con síndrome de Baby Jane: vacía y pretenciosa, que se toma demasiado en serio a si misma, repleta de nostalgia mal entendida y que nos enseña, aun a su pesar, que los años no pasan en balde, o al menos, no deberían.

Publicado originalmente en microcritic.wordpress.com el 14/11/2010

Pantaleón y las visitadoras

La primera etapa de Vargas Llosa sin duda es la de mayor calidad para el crítico literario. Las novelas que abarcan hasta finales de los 60 del autor peruano armonizan realismo social y maestría formal a la perfección, logrando proclamar un fuerte mensaje de compromiso ideológico sin dejar de jugar -e incluso hacer cabriolas- con la estética del lenguaje. Entonces empiezan los 70 y aparece Pantaleón y las visitadoras. Y es una comedia. Vargas Llosa abandona la solemnidad inherente a la narrativa de denuncia social y, a partir de unos pocos capítulos novelescos, estructura un pastiche de documentos oficiales, programas de radio y artículos de periodicos -formas facilmente parodiables- para hablarnos de la doble moral y la hipocresía, clásicos temas recurrentes de la sátira. Todo con una excusa bien simple pero llena de contraste, los soldados abandonados en los puestos fronterizos de la jungla necesitan follar, y como no les dejan, violan; el ejercito tiene que hacer algo, pero sin que se note. Excelente propuesta que aunque no alcanza la perfección, por ser la primera tentativa de un autor al que le costó bastante asumir el valor del humor en el discurso, es bastante recomendable.

 

Publicado originalmente en microcritic.wordpress.com el 10/08/2010

Halloween 2

En la cultura del remake que nos invade, los listos recrean. Y en esas reescrituras el mito se vuelve denso, barroco -toda generación intelectualiza el ocio con que creció-. Así, por ejemplo, Braid aparece como un Super Mario existencialista, y H2 como un slasher de tesis. Zombie continua con su propuesta hiperbólica de manera mucho más personal –con su habitual y fabuloso freakshow– y alejada de los homenajes al original que aparecían en la primera parte. Carpenter creó a Myers como el digno mal elemental, puro, y a Loomis como un obsesionado Van Helsing moderno; Laurie era la victima. Zombie reafirma el componente de maldición de sangre entre Michael y Laurie –mera excusa argumental en la original- y centra su historia en ella, ella es la hermana del asesino y en el universo de Zombie el mal no se personaliza, se propaga: el mal somos todos; especialmente Loomis –rueda del engranaje capitalista-, especialmente Laurie –victima de su condición genética-, especialmente quien se acerca al mal de los otros. El mal es un virus. Y Michael Myers sólo es un infectado. El mayor asesino de nuestra civilización es un producto social, carne de psicoanalista lamentable y patético; a eso es a lo máximo que podemos aspirar, es terrorífico.

Publicado originalmente en microcritic.wordpress.com el 09/06/2010

Halloween

Para cuando Rob Zombie se embarca en el remake de la obra maestra de Carpenter, acaba de demostrar -con Los renegados del diablo- que es con creces un valor en alza para el género. Aun así, tal empresa suscita terribles dudas, la más obvia, su precedente. Pero da la puta casualidad de que Zombie quizá sea la persona mas indicada para el remake: en primer lugar, su estilo formal es la antítesis de la economía visual de Carpenter, lo que permite que Zombie se maneje en el punto exacto entre homenaje y autoría; en segundo lugar, se la suda el fandom; en tercero, Zombie es consciente de que está jugando con un mito, y lo reformula. La deconstrucción freudiana a la que es sometida Myers –y en consecuencia, todo el concepto de slasher- fundamentada en la desestructuración del núcleo familiar y plasmada en dos mediometrajes especulares –uno por hermano-, propone algo muy distinto al postulado de Carpenter, y resulta tan pocho como aterrador en su concepto del mal como consecuencia social. Aunque ligeramente hipertrófica y con falta de personalidad en el entorno, ver a Zombie intentar jugar con la profundidad de campo como solía hacerlo Carpenter es lo más bonito que le ha pasado al género en años.

 

Publicado originalmente en microcritic.wordpress.com el 09/06/2010

A Scanner Darkly

Partiendo de la base de que Philip K. Dick es uno de los pilares para entender los modos de pensamiento y obsesiones que definen el siglo XX, Una mirada a la oscuridad resulta una obra de madurez que descubre también a un gran narrador. Y es que muchas de las cualidades como escritor que asomaban en las obras de su primera etapa confluyen aquí para relatar una historia con los típicos leitmotivs dickianos -drogas, paranoia, conspiración…-  pero mucho más estilizada, más directa y más cruda de lo habitual. Salpicada de ideas geniales y desestructurando en ocasiones el canon narrativo, la novela funciona como una serie de fragmentos, de retazos de un todo. Fragmentos que llevan a otros fragmentos, que dejan cabos sueltos, que desvarían, que se solapan. Un todo que es “El Todo” del autor, el sentido que debería unir todos esos fragmentos, el sentido que debería tener su vida, y la nuestra. Aún siendo una obra abiertamente autobiográfica, con un gran lirismo y melancolía -acrecentada por el epílogo que la cierra-, resulta curioso que sea también una de las que contiene mayor dosis de humor absurdo por página de toda su bibliografía. Y es que la habilidad de Dick por distorsionar la realidad siempre ha sido legendaria

Publicado originalmente en microcritic.wordpress.com el 01/02/2010

All Star Batman and Robin the Boy Wonder

Obra inconclusa y masacrada por el público. Referente despectivo de un fandom que cada vez se parece más a una masa zombie -el hype de este tebeo, sus circunstancias y su influencia son dignas de estudio-. Y aun así, All Star Batman es un gran tebeo. Un cómic tan desequilibrado como vitalista e inteligente. Frank Miller es consciente de estar firmando un superventas con Jim Lee y utiliza esta tesitura no sólo para crear una relectura que actualice y enmiende el cómic-tipo de los 90, aprovechando y explotando la posibilidad de tener a quien tiene al dibujo. También para autoparodiar sus propias obsesiones habituales, liberándolas y otorgándoles un nuevo significado con el exceso. Esa autoconsciencia confiere al tebeo un aura de gran broma, de carcajada mediática. La lógica cede al espectáculo y a la provocación, pero sin abandonar un discurso bien perfilado: bajo ese Batman arrogante y chuloputas se halla un héroe demasiado humano y con más de una máscara encima. Este perfil, en principio ajeno, resulta una pieza crucial en la evolución de los trabajos que Miller le ha dedicado al personaje, así como una nueva perspectiva fascinante del mito. Y todo sin dejar de ser una macarrada adrenalínica, absolutamente pop y maravillosa.

Publicado originalmente en microcritic.wordpress.com el 08/01/2010

Drag me to hell

No dejo de sentir cierta abulia ante un sector que se la agarra con pinzas para determinadas obras. Que glorifican aquello a causa de circunstancias ajenas y masacran golosinas a las que deberíamos agradecer ese regusto a complicidad y divertimento. Sam Raimi es perro viejo, y se ha permitido recordar sus orígenes sin hundirse en la mera nostalgia, creando una historia propia de los tebeos de la EC. Con su maldición, su fatum y su moraleja. Donde la conducta de un personaje atrae lo sobrenatural y se nos enseña una lección. Y es precisamente aquí, en el juego de combinar los dos mundos donde Raimi hace maravillas: la tensión en el mundo anodino, a la espera de sorprenderse con el siguiente momento sobrenatural; y la risotada y el aplauso cuando por fin interviene el exceso en forma de slapstick convierten la historia en una montaña rusa. Esos dos mundos resultan una alegoría perfecta de cómo Raimi ha sabido crear una película con total conocimiento de los engranajes del género mainstream, pero manteniendo ese juego subversivo que le ha caracterizado siempre. Y es que, si no son capaces de dejarse llevar con una película en la que algún personaje vomita sobre otro cada 10 minutos, no han entendido nada de cine.

Publicado originalmente en microcritic.wordpress.com el 26/12/2009