TNT Johnson, el imprudente de Hope City en: ¡Emboscada en la noche!

El filo serpenteante del puñal silbó en la oscuridad de la noche. La salida al callejón trasero del Faro de Sanghai era el lugar ideal para una emboscada de este tipo, sin duda. El hombre encapuchado había escogido bien. Pero un reflejo traidor de las luces de gas enclavadas a ambos lados de la puerta alertaron al Imprudente de Hope City, permitiendo un giro raudo nada acorde con su corpulencia. El asesino buscaba un premio, el pescuezo del toro, pero solo pudo llevarse un trozo de abrigo (un largo Chesterfield cruzado, azul, referente de elegancia) y unas gotas de sangre que surgieron del hombro.

Toma la declaración de los que aun estén conscientes, MacBullit. Te espero fuera liándome un cigarro. Había dicho TNT Johnson minutos antes en el burdel tras noquear a cuatro matones chinos que se negaban a hablar. Poco podía saber del percal que le esperaba en el callejón. ¡Un asesino enmascarado! Tras esquivar la primera embestida, Johnson lanzó una zurda enguantada hacía su agresor al tiempo que giraba sobre sus pies para encararlo. El golpe impactó certero en la mandíbula, y sonó a fractura. Tal ladrillazo sin embargo no tumbó al hombre misterioso, lo que dejó al detective bastante contrariado. Pocas personas resistían una explosión directa (con giro) de TNT Johnson. Los dos hombres se miraron durante un segundo eterno. Midiéndose bajos los destellos rojos del burdel chino. Ik shimt ‘Oyo, balbuceó el asesino levantando el puñal curvado. Como quiera, joven, respondió Johnson y se abalanzó sobre él. El encapuchado le recibía con el puñal preparado para ensartarlo, pero Johnson se las arregló para apartarlo y colocar el codo en la nariz de su adversario. La sangre comenzó a brotar. Todavía agarrando con fuerza la muñeca del asesino, Johnson aprovechó para doblarle el brazo hasta que sonó crack y el puñal cayó tintineante al suelo.

Pero la resistencia sobrenatural del encapuchado permanecía por allí, y en un rápido forcejeo que muy pocos ojos alcanzarían a observar, se libró de la manaza de oso de Johnson, recogió el arma y atacó sesgando la camisa de nuestro héroe. Por tercera vez la sangre manchaba la nieve de Hope City, y ésta era una herida bien larga en el costado de Johnson. Jadeante, el detective esquivó un nuevo ataque, y otro. Pero si seguía así, solo era cuestión de tiempo que el asesino encontrase sus costillas. Existen tres caminos para dejar Hope City, ubicada como está en la parte final de Weed Coast, por Papelona Road hacía Las Colinas, en barco atravesando la bahía, y muerto. Pero a TNT Johnson le encantaba Hope City y decidió que no estaba dispuesto a abandonarla de ninguna manera. Así que visualizó en una fracción de segundo unos cubos de basura a escasos metros y con un hábil viraje se plantó junto a ellos. Recogió una tapa de metal justo a tiempo para protegerse de una nueva puñalada de su agresor. El impacto hizo que una raspa de pescado y un par de pieles de naranja saliesen volando. Un gato maulló al fondo del callejón.

Johnson era un hombre muy grande que se hacía los trajes a medida. Así que una vez bien cubierto recordó lo enfadado que le ponía que alguien estropease su ropa. Con un rápido movimiento y un grito de furia detuvo la última puñalada que daría su enemigo, con tal fuerza que el arma escapó de las manos del malvado. Johnson le golpeó con el metal cilíndrico en la mandíbula, confiando en que ya estuviese tocada de antes. En efecto. El asesino se tambaleó. Golpeó de nuevo en la mandíbula con todas sus fuerzas, y otra vez más, y otra. Hasta conseguir que el enmascarado cayera en la nieve sucia. Una vez en el suelo, no se detuvo. Como poseído por el diablo, tiró la tapa y se colocó a horcajadas. Entonces comenzó con los puñetazos en la cara. Hasta que el enmascarado dejó de moverse, hasta que le dolieron los nudillos y sus guantes blancos fueron rojos, como la nieve de alrededor. Hasta que todo estuvo en silencio. Johnson se levantó con dificultad y se quedó de pie, respirando con esfuerzo y viendo su camisa manchada de sangre. Y entonces empezó a notar el frío que hace en noviembre cuando oscurece en Hope City.

-Uno de ellos ha hablado. Ha sido buenísimo. Cuando has agarrado al chino, de la coletilla esa y lo has alzado sobre… ¡HOSTIA PUTA! -Mickey aparecía por la puerta trasera

-Modera tu lenguaje, MacBullit.

-¡Si solo has salido a fumar, hombre! ¡El tabaco no hace esto! ¿Que… que diantres ha pasado?

-Un agente de viajes. Le he dicho que no estaba interesado -Johnson se quitó el abrigo, destrozado, y lo tiró a una esquina. El Sargento de policía Mickey “Boliche” MacBullit, se acercó al cuerpo y se subió el sombrero con un dedo mientras lo examinaba.

-Y veo que le has dejado bien clarito porque algunos periódicos te llaman El Ferrocarril Feroz ¿Eh amigo?

Johnson no dijo nada pero señaló el puñal con un gesto. Mickey lo recogió y observó los grabados que cubrían la empuñadura. Parecía caro, muy trabajado. Y la hoja tenía una forma curvada, como una s. La forma que tiene el aguijón de un escorpión.

-Habrá que llevar a comisaría el cuchillo, nunca he visto nada así. Y trae al forense. A ver quien quiere matarme ahora. -dijo Johnson al fin.

-Poco queda de su cara, podrías haberle pegado en otro sitio, Johnson.

-(gruñido) ¿Qué han dicho los chinos?

-Cargamento de opio, mañana a medianoche ¿estarás bien?

-Obvio.

-Pues vamos, te remendaremos y compraremos otro abrigo. No puedo llegar tarde a cenar. No otra vez. Sasha me mata. Suerte tú, que estas soltero y…

-No quiero otro abrigo, me dejo el sueldo en ellos. Es el quinto que me rompen este mes…

En ese momento de entre las tinieblas del callejón se oyo un murmullo inhumano. Un sonido ronco y gutural que salía de la garganta del asesino. Sin apenas mover los labios, repitió: Ik shimt ‘Oyo. Ambos detectives se pusieron en guardia. Preparados para dar un golpe final o una patada en los riñones. Pero el asesino tensó los músculos con una mueca horrenda y grotesca. Una expresión de profundo dolor. Y su piel comenzó a volatilizarse como ceniza.

-¡Por los puños de Cristo! -Exclamó Johnson.

La ceniza pronto se mezcló con las sombras del callejón produciendo un olor nauseabundo, a descomposición. Solo quedaba allí ropa de lino negro y una capucha encharcada en la nieve. Y de entre las telas sucias, una tarjeta de visita. Impoluta, perfectamente conservada entre la sangre y la humedad del suelo. Mickey se acercó a ella y la recogió extrañado. Se aproximó hacía Johnson y ambos la ojearon bajo la luz del candil rojo.

-Johnson, en un lado hay un dibujo grabado, es una especie de araña gigante, muy rara.

-No es una araña.

-No… es verdad… ¡es un cangrejo!

-No te la acerques a la cara. Gírala. -Lo hizo, allí rezaba:

Con mis mejores deseos a TNT Johnson,

Espero que esto sea el principio de una larga enemistad”

El Centollo.

Próximamente: ¡Lío en el puerto!

Publicado originalmente en Los Zombies no saben leer Nº 2 -primavera 2010-

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