London, riot of the dead.

La contemporaneidad es extraña. Tantos canales de distribución, algunos tan pochos, confieren a la noticia una atmósfera de hiperrealidad que la vuelve ajena. Decía Baudrillard que “Con la instantaneidad de la información, ya no queda tiempo para la historia”, no hay distancia, no hay reflexión, no hay realidad, solo queda el embotamiento y la confusión, que culmina en la paranoia y en una comprensión facticia, esto es, solo nos queda la ficción. Disfrutamos el mundial de fútbol porque tenía estructura narrativa clásica con malo y beso al final. Temimos la pandemia de la gripe A porque nuestros telediarios nos convencieron de que estábamos jodidos y había que tener miedo, mientras que al año siguiente ni oímos hablar de ella aunque seguía existiendo, los mismos medios decidieron cambiarla de nombre porque su mutación era menos agresiva y ya no interesaba. Un mero cambio de nombre y ya no tenemos miedo. Asi están las cosas.

Evidentemente, si hay un fenómeno pop capaz de sintetizar y explicar nuestro pensamiento facticio actual, es lo zombie. Hoy más que nunca, en una sociedad donde la ficción es mas fácil de asumir que la realidad, donde la mezcla de ambas han conformado una distopia de la información. Donde nos corremos sobre la cara de nuestra novia porque el cine porno nos ha enseñado que sin duda es lo mas satisfactorio o sabemos con certeza que Hitler es EL MAL independientemente de si conocemos o no algo de historia. Esta distopia informativa donde la publicidad no habla de las cualidades intrínsecas del producto si no de unas virtudes abstractas y ajenas que conseguirás si lo pruebas o donde ser antisistema es parte del sistema porque éste siempre controlará los medios de distribución . La filosofia del mundo zombie nos envuelve y refleja la distorsionada realidad en un espejo de alegorías accesible y directo. Hoy más que nunca somos tres tristes zombies comiendo carne en un trigal.

Por esto mismo, me resulta tan atractivo coger un video de los actuales disturbios de Londres y simplemente ponerle de fondo la banda sonora de Day of the dead, de Romero. Porque de repente todo adquiere un sentido global que me deja más tranquilo. La realidad grabada con el móvil, con su granulado, su encuadre, sus comentarios, con ese lugar,  esa acción, ese ritmo del ataque, esa despersonalización, con el número, posición y defensa de las fuerzas del orden, con esa conclusión tan vacía… es todo tan sumamente zombie, por tantos motivos, que pide a gritos convertirse en ficción.

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