Oportunidad

Comienzo a liarme un cigarrillo. Estoy solo en el salón de mi casa. Oigo abrirse la puerta del cuarto de mi compañero de piso. Es un salón vacío, de gotelé y sin cortinas. La luz apagada, me gusta así. Mi compañero entra en el salón y se sienta junto a mí sin mirarme, la vista fija en la pared, perdida. No enciende la tele ni nada. Siempre suele encender la televisión cuando se sienta en el sofá, esté yo o no. La mira todo el día y se tumba y se duerme y no la apaga y me molesta. Pero esta vez se queda ahí, en silencio, mientras enciendo mi cigarro y lo fumo pensando en nada.
- Está muerta. -dice al fin.
- ¿Cómo?
- Creo que la he matado. Sí. Sí. Está muerta.
- ¿Quién?
- Un chica, guapa. Sonrió y me saludó en un bar… ¿Me das un cigarro?
- Tengo de liar.
- Vaya. -silencio- Estoy muy tenso.
-Sí. -Miro la pantalla del televisor, apagada. Y después miro la noche, a través de la ventana sin cortinas de detrás del televisor. Noche cerrada y sin luna, debe de hacer mucho frío. Suerte que yo no salgo mucho.- ¿La has matado tú?
- No lo sé.
- ¿No?
- Ha sido un accidente muy rápido. Ahora está muerta, ella.
- Entonces, tendremos que hacer algo -Digo, e intento recordar si quedan toallas limpias, no sé muy bien por qué. Lo que si hay es un martillo sobre la mesa del salón.
- Vaya.
- Hay que tener cuidado.
- Creo que voy a llorar, creo que la he matado yo.
- Algo haremos. -Susurro. Y nos quedamos en silencio.

Publicado originalmente en la revista Periplo vol. VIII, Abril 2011.

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